Distintas banderas, mismas actitudes, mismos intereses

Josep María Campos
Josep María Campos

Los resultados de las últimas elecciones en Catalunya, en los que el PP ha quedado reducido prácticamente a la nada, nos podrían llevar a un análisis erróneo, a la conclusión de que Catalunya ha erradicado a la derecha.

Nada más lejos de la realidad, nosotros tenemos nuestra propia derecha: autóctona, bien enraizada y, como la derecha de las mesetas, bien envuelta en su bandera, cada una con la suya, pero con el mismo objetivo, apelar a los sentimientos y fomentar que se actúe desde la emotividad para evitar el pensamiento sereno racional y sensato.

La izquierda catalana siempre defendió los derechos nacionales de esta tierra, el PSUC hegemonizó el sentimiento nacional catalán, lo hizo suyo y del conjunto de la clase obrera catalana.

En los oídos de los más veteranos todavía resuenan aquellos gritos de la Asamblea Democrática de Catalunya en las manifestaciones “Libertad, Amnistía y Estatú de Autonomía”, con un claro acento andaluz, mezclado con el de otras tierras. ERC, quien durante años arrastró dificultades para tener una presencia activa destacada, sin embargo, siempre representó sin fisuras y de forma coherente ese paso más, que significaba la independencia.

Hoy, cuando la situación es radicalmente distinta, cuando la hegemonía de los sentimientos nacionales están en manos de la derecha catalana con la salvedad de la presencia de la CUP, de una ERC cada vez más presente en las instituciones y de una ICV volcada en una nueva y necesaria aventura con Catalunya en Comú, a uno se le antoja hacer la comparativa de las derechas de nuestro país y plasmar las similitudes y las innumerables coincidencias en lo fundamental, también en los episodios de corrupción.

Fijaros que he obviado, conscientemente, hacer referencia a la otra derecha presente en Catalunya, a C’s, y es que esta derecha desideologizada, creada por una parte del poder económico como posible recambio de un PP en horas bajas, puede funcionar como recambio en las mesetas. Aquí lo tiene más crudo. Su supervivencia va ligada a la explotación del conflicto, al envoltorio de la bandera y a los escasos incidentes con la lenguay eso tiene fecha de caducidad.

La antigua CDC, hoy PDeCAT o JuntsxCat, o como quiera que decidan llamarse, los actuales independentistas hiperventilados son la clara expresión de un nacionalismo excluyente que utiliza expresiones que hacen avergonzarse a quienes hemos defendido históricamente que es sercatalán, a todo aquél que vive y trabaja en esta tierra, hable la lengua que hable. La recién estrenada portavoz del Govern de la Generalitat, Meritxell Budó, hace gala de un lenguaje ofensivo que da alas a quienes aprovechan cualquier resquicio para descalificar a este país. Encararse contra la prensa que le pregunta en castellano, alimenta desde el propio Govern, la catalanofobia.

CDC o sus herederos y el PP no están tan lejos ideológicamente hablando, siempre se han puesto de acuerdo. No existe ninguna medida económica de importancia impulsada por el PP que no haya tenido el respaldo y el apoyo de la derecha catalana.Todas, incluida la reforma exprés de la constitución en su art. 135 exigida por Alemania y que fijaba los siguientes cambios: “el Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos por la Unión Europea” y, además, el pago de la deuda pública gozará de “prioridad absoluta”.

Así pues, las políticas sociales de todas las administraciones no pueden generar un déficit contrario al ordenado por la UE y se debe pagar la deuda antes que pagar las pensiones, la sanidad o las ayudas a la dependencia. Esta modificación no la apoyaron, pero tampoco se opusieron, simplemente no la votaron.Sin embargo, todas las políticas de recortes en los gastos sociales y laborales que se derivaron de ella, las aplicaron a rajatabla de forma destacada.

El parecido no sólo se refiere a la gestión de lo económico, también la gestión de lo público está llena de ejemplos de coincidencia: la actitud frente a las enseñanzas elitistas, la priorización de la enseñanza concertada frente a la pública, los planteamientos en la gestión privada de la sanidad, la defensa radical de los poderosos, etc. Estas coincidencias y el hecho de que la derecha catalana haya protagonizado escandalosos casos de corrupción desde Banca Catalana hasta los de la familia Pujol al completo, pasando por los Millet, los Maciá Alavedra, etc. confirman que las derechas son iguales, las de allá y las de acá, sólo los diferencia una cosa, cada una se rodea de un nacionalismo y de una bandera distinta.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here