Dioses y monstruos: Ronald Koeman

Ronald Koeman, ese hombre-armario, ese tipo con la cabeza llena de cajones como las vírgenes de Salvador Dalí, es el Elvira Sastre de los entrenadores de Fútbol

Dioses y monstruos: Ronald Koeman

Ronald Koeman, psicología de las bestias pardas, la venganza de Guillermo de Orange, cara redonda de quien en los restaurantes de cinco tenedores se come primero los tenedores, formato y maneras de un portero de discoteca del Barrio Rojo de Amsterdam que duerme cada noche en una cama de mármol, él, el Van Gogh del balompié (¡nos referimos a que es el típico loco del pelo rojo siempre a punto de cortarse la puta oreja, oh, por Dios, qué alargada la sombra y la leyenda de Kirk Douglas; viva el cine!) ha entrado en el Barça como un elefante en una cacharrería, así, se ha colado como Paco Martínez Soria se metería en uno de esos Coffeeshop con drogas legales de las calles estrechas anexas a la Estación Central, y ha provocado el cisma de Oriente y Occidente: ¡ha hecho ni más ni menos que Messi se quisiera ir y, de hecho, no se haya ido porque no ha podido!

Ya cuando era jugador Johan Cruyff supo mejor que nadie que se trataba de una mole que no tenía cintura (recordemos que se movía por el campo como si fuera de acero fundido igual que Robocop, y por eso le dejaba allá atrás, en la defensa, intimidando delanteros con su cara de mala hostia hasta que hubiera que lanzar una falta o un penalti, los cuales, eso sí, lanzaba con esa misma mala hostia y parecían torpedos que hasta agujerearon Wembley). Y ahora ha demostrado (ya lo había avisado cuando entrenó al Valencia, y de hecho no hay más que recordar como trató a ese gran jugador que era Albelda) que como entrenador tampoco tiene la más mínima cintura.

Sólo así se explica lo de que, como decimos, haya entrado en el vestuario del Barça como entrenador igual que lo haría un John Wayne de los Boers. Y es que lo primero que haya hecho este gran psicólogo deportivo es poner sus cojones de autoritario encima de la mesa, y decirle a San Messi aquí mando yo y se acabaron los privilegios y tu amor secreto uruguayo a la puta calle que el fútbol es cosa de hombres como dicen los anuncios de brandy Soberano.

Ronald Koeman es a la psicología deportiva lo que Paco Clavel a la canción pop, y lo que Pedro Sánchez a la política con altura de miras.

Ronald Koeman, ese hombre-armario, ese tipo con la cabeza llena de cajones como las vírgenes de Salvador Dalí, es el Elvira Sastre de los entrenadores de Fútbol.

De hecho creemos que el flamenco, el flamígero, va a durar menos como entrenador del Barça de lo que duraría Yola Berrocal en un congreso de estética teológica.

Ronald Koeman, visto la que ha armao nada más llegar, a fe nuestra que tiene mucho futuro como actor de un anuncio de marketing literario moderno tipo “anima a tu cuñado dipsómano al que le quedaron tres para acabar la ESO a presentarse al Premio Espasa de Poesía, que da el perfil”… ¡Camarero, ponme otro Bacardy-cola que paga El Taquígrafo!… ¡Y oye, dile a la parienta que he cogido sitio en esta barra y ya pa moverme de aquí la van a tener que dinamitar, rediosla! ¡Vivan los Tercios de Flandes!…

¡Vivan!

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