Dioses y monstruos: Julio Iglesias

Julio Iglesias, el cantante moreno y espigado como Antonio Torres Heredia, Antonio Banderas y el resto de gitanos de poema de Federico García Lorca, el que actúa trajeado de negro como un vendedor de pompas fúnebres

Dioses y monstruos: Julio Iglesias

-Lo que viene a decir VOX (a ver si te enteras, Pablo Casado, hombre) es que ser de derechas no es ser Bertín Osborne, que eso es como tomar el Brandy Soberano sin alcohol, que eso es quedarse a medias. Lo que viene a decir VOX es que ser de derechas es ser Julio Iglesias.
-¿Pero qué dices tronco? ¡Que no tenemos que hablar sobre política, sino hacerle un retrato a Julio Iglesias! ¡Ni se te ocurra insinuar que Julio Iglesias es más facha que un Land Rover, que nos echan!…

Tiene que ver con una entrevista que mi querido poeta de los periódicos Antonio Lucas, el Mariano José Larra de nuestro tiempo (pero sin su misantropía ni su depresión ni su costumbre de batirse en duelo ni su seudónimo de Fígaro; sólo con su misma pluma brillante y caustica, su activismo costumbrista y su dandi chaqueta de cuadros) le hizo en Punta Cana a Julio Iglesias.

Era una entrevista a un Frank Sinatra latino sin mafia y sin Ava Gardner; una entrevista a un Frank Sinatra de derechas y de vuelta de casi todo pero aún con la vibración sex symbol pata negra de su juventud y con sus maneras de vaquero asténico o, mejor dicho, de redactor de sucesos de The New York Times que se emborrachó en su día de divorcio y papel cuché pero ya lo superó… O ya la fama le superó a él… O ya le sobran la fama, y los divorcios, y hasta la vida, pero no los recuerdos: por eso ahora canta para que no le olviden su legión de ex-amantes con anillo o sin él (canta con menos voz y más estilo como cantaría un Sinatra de escuela de maestría industrial).

Sin embargo no cabe duda de que es el cantante que mejor y más pronto ha españoleado por Miami con pedigrí.

Sí, Julio Iglesias, el cantante moreno y espigado como Antonio Torres Heredia, Antonio Banderas y el resto de gitanos de poema de Federico García Lorca, el que actúa trajeado de negro como un vendedor de pompas fúnebres, le concedió a Antonio Lucas aquella entrevista en su residencia de verano de cafetal (sita en medio del paraíso caribeño con mulatas y angelitos negros de la novela de José Lezama Lima, Paradiso).

Sin embargo allí en medio, entre la legión de abogados y de sirvientes, sabemos que al periodista poeta y dandi Antonio Lucas Julio Iglesias no le pareció un personaje de la novela de Lezama Lima, sino más bien el Gran Gastby en la soledad sonora última después de una vida de fiestas.

Julio Iglesias habla al son de su vejez en esa entrevista con serenidad curtidamente reflexiva sobre política, sobre la mala suerte de España, sobre si él ha llevado la pasta a Miami por si tras cada inspector de hacienda estaba el fantasma de Miguel Boyer, sobre esto y sobre aquello.

Pero, más interesante que lo que dice y lo que canta con voz de recluta con niña en pleno abrazo, es la mirada de quien le está escuchando, le está dibujando con pluma de poeta y le mira como quien toma nota de símbolos…

Se nota mucho que el Mariano José Larra que se pegó un tiro con veintiocho años sigue aquí reencarnado o derramando talento y tinta por el agujero de su calavera.

Es asombroso como Antonio Lucas nos dice sin decirlo en ningún momento que a Julio Iglesias le encanta cuando Donald Trump grita en los mítines “para que mi cuerpo siga viviendo tendrán que morir vuestras almas”… ¡Oh yeah!

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