Días de euforia, de Pilar Fraile

La novela de Pilar Fraile, DÍAS DE EUFORIA, es una novela coral, hay quien diría que deslavazada estructuralmente, pero prometedora en su potencia verbal y alto nivel de invención

Días de euforia, de Pilar Fraile

¿Vivimos en la vida real, o la euforia que nos ciega nos tiene sin saberlo sumidos en una realidad paralela?

He aquí una pregunta muy del cyberpunk (un subgénero del género de la ciencia ficción de los 80 inaugurado por Bruce Sterling y sobre todo William Gibson con su ya clásica novela NEUROMANTE, y que en la España del 2000 reactualizó un escritor muy euforizante: Ray Loriga –léase por ejemplo nuestra gran novela de ciencia ficción cyberpunk TOKYO YA NO NOS QUIERE-).

Y a esta pregunta tan propia de la psiquiatría como de la narrativa fantástica, vuelve una vez más la novela que nos ocupa hoy.

Escrita atendiendo formalmente al perspectivismo narrativo de William Faulkner, y, también, a los parámetros de narrativa prospectiva entre política y lisérgica del Cyberpunk del NEUROMANTE de Gibson (pero en su versión hispánica, esto es, la de Ray Loriga) la última novela de Pilar Fraile (Salamanca, 1975) se titula DÍAS DE EUFORIA (Alianza Editorial), y es una novela coral, hay quien diría que deslavazada estructuralmente, pero prometedora en su potencia verbal y alto nivel de invención. Y es una novela de género al más puro estilo.

Como en las novelas de género al puro estilo americano la prosa es funcional. Y el futuro inmediato descrito se nos muestra sin decirlo, esto es, indirectamente, como una amenazante alegoría del presente. Y, por si fuera poco, se pone siempre el acento, además de en la imaginación no realista, en los entramados morales de los personajes (sí, los personajes, que en esta historia de Pilar Fraile son una analista de Big Data, un bróker, una experta en reproducción asistida y un gestor bancario de grandes cuentas, los cuales son todos adictos al trabajo y muestran identidades personales descompensadas, quebradizas, que no les sostienen a ninguno cuando los acontecimientos en sus vidas empiezan a salirse del guion que ellos y ellas habían imaginado para su futuro, y por eso todos se lanzarán a una búsqueda frenética de supuestas soluciones)… Todo pura ciencia ficción, sí, pero sin llegar en ningún momento a Philip K. Dick (no tiene tal superdotado ingenio), ni a Ballard (le falta para ello intensidad narrativa) o a Olaf Stapledon (le falta para ello el impresionante rigor inventivo y expresivo y conceptual sin caídas de, por ejemplo la novela HACEDOR DE ESTRELLAS).

La novela DÍAS DE EUFORIA versa sobre esta maraña de personajes con identidades sustentadas sobre todo en la faceta laboral, y cuyas vidas están controladas por un algoritmo, esto es, por máquinas que toman más decisiones sobre la existencia de todos ellos que ellos mismos.

Y, al describirnos y trascribirnos narrativamente estos personajes como si fueran piezas de un engranaje (el post-capitalismo), la autora pone especial acento en la diferenciación de implicación, problemática, resoluciones y consideración que tienen los personajes femeninos y los masculinos en todo lo que tiene que ver con su faceta laboral.

En este mundo hiperficcionalizado o psicótico que describe esta novela (típico mundo de novela de ciencia ficción, como todo lector de género verá al asomarse a estas páginas) lo laboral lo es casi todo porque todas las relaciones interpersonales son virtuales (esta idea es central en la alegoría general que pretende ser esta novela, pero como es tan obvia, la narradora tenía que sacar petróleo de ella y creemos que no lo consigue).

Por todo ello, esta novela sobre la tecnología, la economía y el resto de relatos ficticios mediante los que nos atrapa la realidad, la hemos identificado como muy convencional en su postulado prospectivo, y muy influenciada por la atmósfera lisérgica y el ritmo trepidante y el erotismo contundente de Ray Loriga (véase entre otros indicadores de esta influencia de Loriga el gusto de Pilar Fraile en DÍAS DE EUFORIA por describir el erotismo con explicitud y sin ahorrarse la palabra polla todo el rato, santo y seña de la narrativa de Ray Loriga heredera en esto del realismo sucio y la Beat Generation).

Pero no es menos cierto que, aunque la prosa de Pilar Fraile por momentos recuerde también a la de las novelas fantásticas de Juan José Millás, bebe mucho más de lo que las grandes damas de la ciencia ficción española de su generación están haciendo hoy.

Así DÍAS DE EUFORIA, aunque con menos humor –o menos Kurt Vonnegut y Thomas Pynchon-, no está nada lejos del mundo ficcional de la gran Laura Fernández (Tarrasa, 1981). Y, aunque con más barrullo estructural o más William Faulkner, tampoco dista en la prosa e intencionalidad narrativa de la ciencia ficción que actualmente está haciendo Montse de Paz (Lérida, 1970).

La propuesta argumental y el mundo de esta novela hay quien diría pues que resultan manidos, y la estructura tan alambicada como fallida. Pero nosotros nos quedamos con que la autora salva los muebles con oficio y talento mediante la finura política y moral que rezuma cada página.

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