Desprotección de las víctimas de maltrato por el cambio de sexo registral de los agresores

En exclusiva eltaquigrafo.com explica el caso real Esther, una mujer víctima de violencia sexual por parte de su pareja, a la que se le ha dejado sin la protección contra la violencia machista porque su agresor cambió su sexo registral de hombre a mujer en mitad del proceso.

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En la imágen la abogada Meritxell Cabzón y Esther, de espaldas para su protección l Núria González

A las puertas de que en el Congreso se quiera iniciar de urgencia, sin debate parlamentario a penas, el trámite de la aprobación de la futura conocida como “Ley Trans”,  que permitirá la autodeterminación del sexo registral sin la necesidad de aportar ningún tipo de documento ni prueba alguna que acredite que ese cambio de sexo en el registro no es un fraude para evitar ciertas consecuencias penales, en eltaquigrafo.com nos adentramos en la historia real de Esther (nombre ficticio, por su propia protección), una mujer de unos 60 años, que ha sufrido violencia por parte de su pareja, pero a la que le deniegan la protección propia de las víctimas de violencia machista, porque su pareja, que conserva sus genitales de varón y hace vida de varón habitualmente, ha cambiado su sexo registral y su nombre de varón y su  por el de Amanda (nombre ficticio).

Breve historia de Esther y José Luís

Esther y José Luís (nombre ficticio de varón de Amanda) empezaron una relación como pareja heterosexual hace once años. “El siempre fue muy manipulador”, nos dice Esther. Nos cuenta que la relación era normal, que vivieron en varios sitios hasta terminar en un piso de él en una ciudad del área metropolitana de Barcelona, que es el domicilio que aún hoy comparten.

Esther explica que en sus relaciones sexuales a José Luís le gustaba ponerse ropa interior de mujer. “Yo pensé que era un fetiche y no le di más importancia”. Sin embargo, hace dos años José Luís le comunica a Esther que va iba a empezar a hormonarse.

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“Nadie puede obligarme a acostarme con quien no quiero”

Esther le prestó todo su apoyo a José Luís en el proceso que iba a iniciar, “pero como amiga. Le dije que le acompañaría y le ayudaría, pero que yo soy una mujer heterosexual y nadie me puede obligar a mantener relaciones con quien no quiero”. Y aquí empezó el calvario de Esther.

José Luís le comunicó a Esther que él no pensaba someterse a ninguna operación de cambio de sexo, según Esther porque “él decía que quería mantener lo mejor de los dos mundos, y que sólo pensaba hormonarse para que le crecieran los pechos, ya que el inhibidor de testosterona no lo iba a tomar.

Esther víctima de acoso, de violencia sexual y de coacciones

Desde el momento en que Esther se niega a mantener relaciones sexuales con José Luís, éste empieza hacerle la vida imposible. “Entraba en el baño mientras me estaba duchando y me había la cortina de la ducha para toquetearme, o se metía en mi cama diciéndome que me iba a demostrar el hombre que aún quedaba en él”. 

Este tipo de situación es el que ha vivido Esther hasta la fecha que por falta de recursos económicos no puede abandonar la vivienda que comparte con su expareja, ya que ella solo cobra una pequeña pensión discapacidad laboral, después de haber sido bordadora toda su vida. Ahora Ester vive en una habitación de 3 metros cuadrados encerrada con un candado por miedo a su expareja.

José Luis de día, Amanda de noche

José Luís viste de hombre y hace vida de hombre todo el tiempo y sólo se trasviste para salir alguna noche. De hecho, el diagnóstico psicológico del peritaje del servicio de salud público con el que ha cambiar su sexo registral es el de Travestismo”, no transexualidad. Incluso las tres veces que han tenido que acudir los mossos d’esquadra a casa de Esther, su pareja daba la impresión de ser un hombre.

En la calle y sin asistencia letrada

El 15 de agosto Esther es agredida por su expareja en el domicilio que comparten y acaba en el hospital con un parte grave de lesiones. Los agentes de mossos d’esquadra que habían ido a socorrerla a su casa y habían visto a su pareja vestida de hombre y comportándose como tal, le indican que debe ir a comisaría a interponer una denuncia por violencia machista.

Esther se dirige a la comisaría de su distrito y la sorpresa es mayúscula cuando el mismo agente que la había sacado de casa, llevado al hospital, visto a su expareja y indicado que debía denunciar la grave agresión física, le comunica a Esther que no puede tramitar el expediente como un caso de violencia machista porque José Luís registralmente había cambiado su sexo y ahora era Amanda, cosa que Esther desconocía completamente.

Al tramitarse como violencia intrafamiliar, es decir, como si fuera una pelea entre hermanos, y no como una agresión machista, la víctima no tiene protección desde el momento de la denuncia, ni se le concedió la orden de alejamiento que solicitó, ni tampoco tuvo asistencia letrada de oficio en comisaría. Tuvo que ser ella la que, al día siguiente fuera al colegio de abogados a solicitar una asistencia, por un delito de lesiones y coacciones, ya que su ex pareja no la dejaba entrar en su casa.

Desprotección legal de las víctimas

Meritxell Cabezón, abogada especialista en violencia machista y familiar y abogada de Esther en este caso, nos explica claramente cuál es la diferencia entre que se tramite un caso así como violencia machista o como violencia intrafamiliar.

La violencia machista tiene una penalidad mayor porque se considera un delito ideológico, basado en el machismo, un delito de odio hacia las mujeres”, explica Cabezón a este medio. “Sin embargo, la violencia intrafamiliar tiene una penalidad más baja porque la ley entiende que deriva de la simple convivencia de los miembros de una familia, lo cuál no tiene ningún agravante ideológico”.

Le preguntamos a la letrada de Esther por este caso en concreto y por como es posible que se deje a una víctima desprotegida en una situación así en que su integridad física podría estar amenazada por quien fue su pareja hombre, aunque ahora únicamente haya realizado un cambio de sexo registral. Según la abogada “estamos ante lo que se conoce como un fraude de ley literal. Eso quiere decir que se utiliza una ley para obtener un resultado distinto al que la ley prevé. En este caso, se estaría utilizando la posibilidad del cambio de sexo registral para intentar eludir una penalidad mayor de unos delitos cometidos por quien realiza el cambio.

En este caso hay que entender que estamos hablando de una persona de más de 60 años que toda la vida ha sido socializada como un hombre, que aún hace vida bajo los parámetros del género masculino”, y que, según Esther, siempre tuvo comportamientos absolutamente machistas con ella.

Esther en el banquillo

Amanda también ha denunciado a Esther por vejaciones y lesiones, en una denuncia que según las fuentes de esta investigación va a ser archivada por falta de consistencia. Amanda acusa a Esther de no llamarla por su nuevo nombre. Sin embargo, Esther ha acreditado sobradamente que incluso le ha acompañado a la mayoría de visitas médicas y de salud mental que su ex pareja ha realizado en este proceso. Pero, aun así, Esther tendrá que sentarse en el banquillo.

Una asociación LGTBI también intentó intimidar a Esther yendo a su casa hasta que comprobaron por sí mismos que la tolerancia de Esther hacia las decisiones de su ex pareja eran absolutas.

Sin embargo, el maltrato de Esther inicia precisamente por el no respeto de su ex pareja a su decisión de cortar la relación sentimental con él, “una actitud perfectamente encuadrable en los delitos de violencia machista” según la letrada Meritxell Cabezón.

2 Comentarios

  1. Es que la ley, aún partiendo de premisa loable como la protección a víctimas de maltrato por sus parejas sentimentales, no respeta el principio «primum non nocere» del derecho. Ante todo no hacer daño. Cuando en la tramitación de leyes se pasan de frenada en la emocionalidad de su redacción, politización y falta/ausencia de debate, llegamos a estas situaciones. Desprotección de las victimas, que antes del cambio legislativo estaban asistidas. Hay daño evidente.
    La polarización politicosocial está siendo altamente corrosiva para la convivencia y prosperidad. Ambos lados del espectro electoral es cada día más radical en su negación del otro.
    Visualmente, la situación podría asemejarse a un almacén lleno de pirotecnia y un pequeño fuego que va creciendo.
    No se como, pero deberíamos recuperar el sosiego y la actitud más inclinada al diálogo que hemos podido vivir.
    Quiero un país donde quepa mi adversario político.

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