Desmontada una de las principales pruebas contra Peral

El magistrado rechaza como prueba incriminatoria el relato de Antonia García, pareja del exmarido de Rosa Peral, quien aseguró que las hijas de la acusada vieron a su madre manchada de sangre

Desmontada una de las principales pruebas contra Peral
Un momento de la segunda sesión del juicio por el asesinato de Pedro Rodríguez

El veto al testimonio de Antonia García lo cambia todo o prácticamente todo. El Ministerio Fiscal, la acusación particular y la defensa de Albert López esperaban ansiosos el relato de la actual pareja de Rubén Carbó – exmarido de Peral y padre de las niñas que tienen en común -. Antonia, madrastra de las pequeñas, aseguró que, el pasado mayo de 2017, una de las niñas le contó haber visto a su madre manchada de sangre.

Sin embargo, y para sorpresa de muchos, este martes, en la segunda sesión del juicio, el magistrado rechazó sin titubeos dicho testimonio. Y con este veto, una de las principales pruebas incriminatorias contra Peral también se derrumbó ante los ojos de decenas de personas atónitas y expectantes a lo que estaba sucediendo.

Tanto Rubén, como su pareja, Antonia, declararon en la sala anexa a la habitual por videoconferencia. Al parecer, habrían pedido declarar de este modo al “sentirse amenazados por terceras personas”. Como adelantó este medio de comunicación, Rubén y Antonia también tendrían problemas con la expareja de ésta.

El relato de Antonia no se tendrá en cuenta

Así pues, el juez que preside el tribunal obligó taxativamente a descartar como prueba acusatoria el relato de Antonia García sobre lo que, supuestamente y siempre según su versión, la hija mayor de Rubén y Rosa – que por entonces tenía 6 años – le dijo en relación con el crimen acaecido la madrugada del 1 al 2 de mayo de 2017, en el que Pedro Rodríguez, quien era la pareja de Rosa, fue asesinado.

Según García, la niña le explicó que había visto a su madre, Rosa Peral, y a Pedro discutiendo la noche de los hechos. Añadió que la pequeña también vio a la víctima bajar por las escaleras como medio drogado – «como un robot» – y observó que su madre tenía manchas de sangre en el rostro.

Esta escena fue relatada por Antonia a los Mossos y figura en la causa.Sin embargo, Rubén, durante la vista de ayer, no pudo confirmar que este relato fuese real, pues el padre de las pequeñas asegura que jamás les ha preguntado al respecto.

Esta versión, por decisión del juez, no podrá ser tenida en cuenta por el jurado popular. Los motivos son dos: Antonia no es un testigo directo, sino de referencia, es decir relata algo que le han contado – sin existir pruebas reales sobre que dicho relato es veraz -; y porque el tutor legal asignado en su día a la menor se acogió a la dispensa de que la niña no declarara en contra de su madre.

Rosa celebra la decisión

La reacción de la acusada ha sido visiblemente satisfactoria. Mientras que los representantes del Ministerio Fiscal, la acusación particular y la defensa del otro acusado, Albert López, protestaban por la decisión que iba a tomar el juez, la abogada de Peral, Olga Arderiu, ha expuesto su convicción y argumentación sobre que la decisión del juez creía que era la más correcta.

Aun así, la acusación particular insistió en que la mujer representara lo que la niña aseguró ver esa noche y haciendo mímica imitó los movimientos de la niña. Durante la representación, el magistrado le advirtió a ella y a los miembros del jurado que todo lo que dijera durante la mímica tampoco debería ser aceptado ni tenido en cuenta.

Por lo que la referencia que hizo Antonia sobre que la niña aseguró “que su madre se limpiaba la cara de sangre” tampoco será incorporada en el relato del jurado, desmontando gran parte de la acusación contra Peral.

El magistrado ha explicado que durante la instrucción el relato de Antonia era válido aun siendo un testigo referencial, pero que una vez se cierra la investigación y se juzga el caso ante un tribunal, dicha prueba debería haber sido reforzada con otra prueba preconstituida que demostrara la veracidad del relato.

Con todo, la madrastra de las niñas aseguró que todo lo que conocía en relación con crimen se lo había contada la menor de 6 años.

El padre de Rosa aclara su confusión

Francisco Peral, el padre la acusada, visiblemente emocionado compareció ayer durante la segunda sesión del juicio. El hombre explicó que el día 1 de mayo de 2017 lo pasó felizmente con su hija, sus dos nietas y con quien era entonces su pareja, Pedro Rodríguez.

Aseguró también en sede judicial que en ningún caso vio a su hija angustiada o preocupada los días posteriores a los hechos, aunque ha explicado que no solían entrometerse en la vida privada de Rosa, siendo ella muy reservada con sus padres a la hora de contarles según qué, actitud que siempre había tenido, incluso antes de la desaparición de Pedro y el hallazgo de su cadáver.

El hombre también ha intentado dar explicaciones de lo que vio y de a quién vio el día 2 de mayo de 2017 por la mañana.

En un principio, durante la investigación aseguró haber visto a Pedro en el interior de la casa, ayer rectificó y aclaró que “se equivocó” y a quien vio fue a un vecino de Rosa. “Me equivoqué«, repitió varias veces. A lo que el fiscal repreguntó: «¿Le pidió Rosa que mintiera?«. El progenitor respondió rápido: «No«.

Francisco aseguró en reiteradas ocasiones, dadas las numerosas preguntas que le realizaron encaminadas en este sentido, que su hija estaba “normal” los días posteriores al crimen y que ésta sólo le comentó que Pedro se había enfadado y se había marchado de casa, pero por la ya comentada relación de privacidad que mantenían en relación con estos temas no le pidió más explicaciones.

El testigo recordó, por otro lado, que el día 2 de mayo por la noche vio un coche rojo en la puerta de la casa de su hija. Rosa le pidió que se quedara con las niñas. Le sorprendió que el conductor no dejara de revolucionar el coche – dándole gas en el sitio-. Después supo que ese vehículo era del otro procesado, Albert López.

El padre de la acusada confesó que vio a su hija «hundida» el 4 de mayo, cuando se conoció que se había sido encontrado el cuerpo de Pedro calcinado en el maletero de un coche. Rosa y Pedro, según su versión, tenían previsto un viaje a Sevilla y un crucero, unos planes que no daban indicios de que pudiera haber algún conflicto entre ambos.

Rubén vio a Rosa muy hundida

Por otro lado, Rubén, quien fue el marido de Rosa durante 16 años, explicó que Peral siempre había sido una buena madre, una mujer muy cariñosa y extrovertida.

A pesar de las muchas desavenencias que tenían tras su ruptura, en diciembre de 2016, Rubén al enterarse del hallazgo del coche calcinado de Pedro, con un cuerpo en su interior, se interesó por el bienestar de su expareja, a quien llamó de inmediato. El hombre aseguró ante el tribunal que la vio muy hundida, que estaba llorando y que notaba que estaba muy afectada por la noticia.

Rosa y Rubén tuvieron una relación con altibajos. El hombre, de profesión Mosso d’Esquadra, perdonó la primera infidelidad de su mujer con Albert – el también acusado – en 2013, cuando descubrió unas imágenes íntimas de ambos, ocultas en un armario de Peral.

Tres años después, tras una nueva foto de los dos acusados y sus dos hijas en el Camp Nou, optó por rehacer su vida y conoció a Antonia. En diciembre de 2016, cuando Rosa lo descubrió, rompieron la relación. “No se lo tomó bien”, contó, a pesar de que en aquel momento Rosa ya salía con Pedro, al que presentó a su familia en Navidad.

La relación entre ambos empeoró por las cruzadas que mantuvieron por la custodia de las niñas e, incluso, llegaron a interponerse hasta 3 denuncias mutuamente.

Rubén ha relatado que todo lo que sabe del crimen lo fue leyendo en los medios de comunicación. “Me enteré por los medios de que sospecharon de mí”, contó Rubén, que no ha hablado nunca con sus hijas de lo sucedido. Solo les ha contado que su madre está “castigada en un sitio en el que se castiga a los mayores”.

El hombre también explicó que Rosa alguna vez le había contado, en referencia a Albert, que era un hombre “dominante y violento”. Aun así, habían hecho rutas juntos por el pantano de Foix, lugar donde se encontró el coche de Pedro calcinado con su cadáver en el interior. Con todo, Rubén no pudo dar veracidad al relato referencial de Antonia – su actual pareja – pues aseguró no haber hablado de ello con su hija mayor.

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