Desconocida, pero obsesiva: ¿Quién no ama a Kim Novak?

Háganse un favor. Recuperen La casa número 322 y disfruten de su aparente sencillez, de la belleza de Kim Novak y de un entretenimiento con un ritmo sensacional. Mucho más de lo que ofrecen la mayoría de las producciones actuales

Desconocida, pero obsesiva: ¿quién no ama a Kim Novak?
Kim Novak en "La casa número 322" (Pushover, 1954)

Desde esta ventana cinéfila y criminal de eltaquígrafo.com, pretendemos recomendar y recuperar títulos de ayer y hoy, más o menos conocidos, pero siempre con la calidad como denominador común. Con la excusa de celebrar este pasado noviembre el centenario de Richard Quine (1920-1989), vamos a recordar la brillante y poco conocida La casa número 322 (Pushover, 1954).

Richard Quine fue un actor y director del Hollywood clásico que será recordado por Me enamoré de una bruja (Bell, Book and Candle, 1958), con James Stewart y Kim Novak; El mundo de Suzie Wong (The World of Suzie Wong, 1960), con William Holden; o Encuentro en París (Paris When it Sizzles, 1964), con Audrey Hepburn. Sobre todas ellas destaca Un extraño en mi vida (Strangers When We Meet, 1960), deliciosa y romántica historia de adúltero amor prohibido entre Kirk Douglas y Kim Novak, con la construcción de una casa como bellísima metáfora.

Por si no ha quedado claro, la actriz fetiche de Quine fue Kim Novak, a la que hizo debutar en La casa número 322 y con la que repetiría en tres títulos más. Precisamente, mientras rodaban Un extraño en mi vida se comprometieron para casarse al final del rodaje. Ella se echó atrás y, aunque volverían a trabajar en La misteriosa dama de negro (The Notorious Landlady, 1962), los más románticos creen que Quine nunca se recuperó y que su suicidio en 1989 llegaría por no poder rodar sus comedias ligeras y románticas en los cínicos 80… y por el recuerdo de la Novak.

publicidad
Kim Novak

Y es que Marilyn Pauline Novak (esta sí se llamaba Marilyn, no como Norma Jeane) era mucha rubia. Si Jimmy Stewart se obsesionaba con ella y con su fantasma, de la mano de otro enamorado obsesivo como Alfred Hitchcock (en Vértigo, claro), en La casa número 322 la joven Kim (veinte añitos) debutaba de la mano de un probablemente ya enamorado Richard Quine y condenaba al hasta entonces honrado policía Fred MacMurray. Novak interpreta a la novia de un atracador de bancos que la policía “controla” para ver cuándo se pondrá en contacto con ella. El “control” del agente que interpreta MacMurray se convierte en peligrosa atracción, necesariamente fatal.

No parece muy original, pero esa es una de las virtudes de esta pequeña película. Los ecos y guiños a clásicos del cine negro hacen que se multiplique el disfrute de sus menos de noventa minutos. En efecto, MacMurray evoca su mítico papel de Perdición (Double Indemnity, 1944) y, sobre la pobre Novak, recae la duda de toda mujer fatal anterior. ¿Será tan malnacida como Phyllis Dietrichson (perfecta Barbara Stanwyck en el clásico de Wilder)?

La vigilancia de la chica se establece pinchando su teléfono y apostando en el edificio de enfrente a una pareja de polis durante el día y, otra, por las noches. Sí, La ventana indiscreta (1954) también está aquí. El compañero de MacMurray, de hecho, tiene tiempo de ejercer de voyeur con todas las letras, espiando a la vecina enfermera de Novak y, no podía ser de otra manera, terminará enamorándose de ella (no podía ser de otra manera porque es Dorothy Malone, casi nada al aparato, aunque teñida de morena, para no eclipsar a la rubia).

Kim Novak, Fred MacMurray y Dorothy Malone en una escena de La casa número 322 (Pushover, 1954)

El atracador aparecerá y MacMurray intentará quedarse con el dinero y la chica, pero el destino, otro personaje omnipresente del cine negro, hará acto de presencia para aplastar la caída en la tentación, como mandaban los cánones (y los censores) de la época. Todo ello no nos quitará de gozar con encuentros furtivos en la azotea, con policías haciéndose el héroe, con víctimas inocentes que mueren en acto de servicio o con tiroteos en callejones oscuros.

Háganse un favor. Recuperen La casa número 322 y disfruten de su aparente sencillez, de la belleza de Kim Novak y de un entretenimiento con un ritmo sensacional. Mucho más de lo que ofrecen la mayoría de las producciones actuales.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here