De colores y sabores: Chicago en rojo pasión

No lo duden, vuelvan a este Chicago, año 30 y redescúbranla, todo en la película es un cóctel insólito, moderno y, tal vez, poco conocido que sabe a buen cine

De colores y sabores: Chicago en rojo pasión

Tenía el recuerdo de que Chicago, año 30 (Party Girl, Nicholas Ray, 1958) era una comedia musical o un musical con tintes cómicos. La vuelvo a ver y lo primero que redescubro es que la memoria cinéfila es frágil, pues ni musical, ni comedia: cine negro con arranque oscuro que explota en colores, amor y violencia. ¿Es la película de gánsteres más colorida y exuberante de la historia? ¿Cómo se combina el festivo uso de los colores primarios de los musicales de la Metro con un alcoholizado Ray que había ya rodado la muy noir En un lugar solitario o las geniales, trágicas y únicas Rebelde sin causa y Johnny Guitar?

Como digo, el arranque es extraordinario y promete oro puro. Un grupo de tipos está anotando en una lista las chicas de un club que bailan ante ellos para invitarlas a una “fiesta”. El baile termina y un par de chicas hablan en el camerino. Primera bomba: Vicki Gaye (Cyd Charisse) deja entrever que no deja acercarse a los hombres desde que tuvo una mala experiencia en un sucio granero de Oklahoma… cuando tenía quince años.

Vicki va a la fiesta de cumpleaños con un memorable vestido rojo que destaca en pantalla como la cereza del martini. Allí, el jefe mafioso, Rico Angelo (un Lee J. Cobb inspirándose claramente en Al Capone), está triste porque su amada Jean Harlow se casa. Genialidad: el bullicio se interrumpe cuando un Rico borracho tirotea una foto de la rubia platino por “traidora”. No se puede describir mejor ni más económicamente a un personaje: caprichoso, frustrado y mediocre.

Es entonces cuando vemos a su abogado y protagonista: Tommy Farrell (excelente y siempre elegante Robert Taylor), a quien solo habíamos visto sentado de espaldas y tiene una presentación casi jamesbondiana, cuando se vuelve rápidamente por los disparos y es capaz de plantar cara a Rico. Vicki se fija en él y se le acerca para librarse del pesado de turno (secundario brillante John Ireland, ¿no tendríamos que acordarnos todos de él?). “¿Quiere acompañarme a casa?” “No especialmente. ¿Por qué?”. Otra joya a recordar en forma de presentación y diálogo seco. Farrell ha conocido a demasiadas chicas en demasiadas fiestas, por mucha Cyd Charisse que se acerque.

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Finalmente se levanta y llega otra sorpresa. El abogado es cojo y usa bastón. El atractivo se convierte en empatía y lo vemos en la mirada de Vicki. Ella le invita a tomar chocolate en su casa y su compañera de piso… aparece en un charco de sangre en la bañera: se ha quitado la vida y estaba embarazada de otro hombre. La noche pasa por comisaría y Ray filma un interrogatorio en sombras tan siniestro como hermoso. Afortunadamente, Vicki tiene un abogado que la acompaña.

Que nadie se asuste que no he descrito ni quince minutos de película y ya hemos tenido la canónica presentación de personajes pero también amor, violencia, celos, egoísmo, corrupción, muerte, policía… y todo lo que nos queda por ver. La historia de amor es un poco convencional y tiende a lo fácil, sin embargo hay un par de aspectos más que destacar.

Tommy Farrell aumenta su cojera cuando habla ante los jurados y utiliza un truco dialéctico con un reloj de bolsillo con el que consigue engañar y ablandar a cualquiera. Ingenioso truco de guion y gancho de izquierda a las supuestas bondades del jurado popular. Que ningún picapleitos se lo pierda. El truquito reaparecerá en la escena final de forma circular y genial.

Rico nos reserva una escena de violencia inesperada que copiaría Brian De Palma en Los intocables. No solo se revela la peligrosidad del personaje, sino que la escena sirve también para introducir un lugar que será clave en la película. De nuevo, recurso sencillo pero genial de la historia.

Podríamos añadir el montaje de violencia, los anacrónicos bailes de Cyd o la particular relación con la esposa separada de Farrell. Todo ello es un cóctel insólito, moderno y, tal vez, poco conocido. No lo duden, vuelvan a este Chicago, año 30 y redescúbranla. Sabe a buen cine.

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