Cuba, el laboratorio de las esperanzas (4/4)

Reinventarse, reescribir, revivir. Las nuevas generaciones llenan los huecos de los diarios cubanos y trenzan historias ficticias para denunciar la inexistencia del cambio. Leonardo Padura abrió la puerta del misterio, Wendy Guerra y Vladimir Hernández le han sabido tomar el testigo

Cuba, el laboratorio de las esperanzas (4/4)

Varadero es una burbuja para los extranjeros, a Matanzas la llaman “la Atenas de Cuba”, Cienfuegos es puro Caribe y Trinidad está amparada por la poderosa luz del sol. En cualquier ciudad descubrimos un país diferente y cualquier medio de transporte es bueno para compartir las experiencias de los lugareños.

Cuba, el laboratorio de las esperanzas (4/4)
Descubrir Cuba

La interacción con sus habitantes nos permite descubrir que, en Cuba, no existe el término medio: o la felicidad corre a raudales o el llanto les inunda cada noche. Con el exceso de confianza nacen las opiniones más radicales bañadas, lógicamente, en un buen planchadito o, como diríamos nosotros, trago largo. Mientras las generaciones pasadas apoyan fervientemente la política gubernamental, la gente más joven fustiga al gobierno en voz baja, negándole cualquier logro.

La isla ofrece un sinfín de alicientes al margen de cuál sea la ideología que quiera adoptar el viajero, sin embargo, la realidad de sus habitantes es bien distinta: todos esperan un cambio que nunca llega.

La lucha por el pensamiento individual

Cuba vive el aislamiento físico por ser un país que no tiene fronteras y esta incomunicación linfática hace que sus habitantes padezcan una condena colectiva: están sensorialmente conectados y forzados a entenderse. La escritora cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970), proyecta esta reflexión en su libro Posar desnuda en La Habana. Diario apócrifo de Anaïs Nin (Anagrama, 2010).

Wendy Guerra Gabriel Garcia Marquez el taquigrafo
Wendy Guerra y Gabriel García Márquez

Cuando Gabriel García Márquez la cogió de las manos y la exhortó con énfasis a que publicara sus diarios, ella, chica inteligente, ficcionó sus memorias y, gracias a la apuesta intelectual ‘del exterior’, se pudo convertir en la escritora internacional que ahora conocemos. Wendy Guerra se me presenta como un colibrí inquieto que da forma a la herencia que corre, rápida, por sus venas, tocándolo todo con sus textos hasta llegar a la parte sensorial del músculo más fuerte (y débil) que tiene el ser humano.

Soy una escritora cubana con los mismos problemas que la generación de mi madre. Soy como una misma persona dilatada en el tiempo

La fuerza que emerge de sus letras es algo más que el poder que otorga la libertad: es la reivindicación del conocimiento, la puesta en escena de una película que no tiene guion, la supervivencia de un mundo en estado de esclavitud, la proyección de un modo de vida subyugado y al mismo tiempo conformista. ¿Qué no conocen a Wendy Guerra? Madre mía… no saben la cantidad de cosas que les esperan si se atreven a leerla…

“HABANA RÉQUIEM”

Cuando Cuba se abra y el dinero empiece a fluir en torrente van a descubrir que esto es una islita virgen de verdad, con doce millones de consumidores ávidos de lo que les echen. Se van a cebar con nosotros: bancos, drogas, manipulación financiera, represión, endeudamiento institucional… ¿es eso lo que quieres, pionero, que el mundo entre aquí y desencadene el caos del capitalismo del tercer mundo en toda su expresión?

Vladimir Hernandez Un mundo de libros el taquigtrafo
Vladimir Hernández

La conversación entre dos policías habaneros es el avance de la historia que narra Vladimir Hernández (Cuba, 1966) en su libro Habana réquiem (Harper Collins, 2017). Tres protagonistas: dos policías y una ciudad. La condena de ser una persona honrada es el alimento que motiva a un delincuente en prácticas a decantarse por la corrupción de copete. En esta novela, la justicia es lo único que se reparte equitativamente.

Su secuela, Habana skyline (Harper Collins, 2018), es la prolongación de la historia de sus personajes en un momento generacional exento de esperanzas, vacío de ilusiones y expectante frente a ese gran proyecto social que se llama Revolución.

Sálvese quien pueda

Vladimir Hernandez es un terremoto verbal, un mapa de letras incontenible que da un salto superficial para hablar de la época vigente que atraviesa su país. Su literatura es honesta y, aunque está condicionada por el “periodo especial” que atravesó Cuba en los años 90, no se deja influir en el argumento final que da sentido a sus historias.

El modo de expresarse, de comunicar y transmitir la vida cubana es puro combustible y, toda esa retahíla de información que sale por su boca cuando habla y disecciona a su país, la sabe plasmar perfectamente en el papel de forma práctica. “El futuro se adhiere, únicamente, a una sola palabra: CAMBIO”.

El libro que siempre quise leer

Hoy van a ser partícipes (y por lo tanto sabedores) de un gran secreto: Jorge Moreta (Salamanca, 1972) ha sido la fuente de inspiración para crear esta sección viajera que fusiona la inquietud de descubrir un país con la intención de hacerlo a través de sus escritores.

Jorge Moreta y su libro Un mundo de libros el taquigtrafo
Jorge Moreta y su libro

Moreta, que un día deseó escribir el libro que siempre quiso leer, ha sido quien me ha motivado a soñar con escribir unos textos como los que ha creado él. Cuba más allá de Fidel (Altaïr, 2010) es una narración asquerosamente completa: inigualable desde el punto de vista didáctico e incomparable desde el punto de vista emocional. Es la Cuba contada desde dentro de la isla y desde la profundidad de las entrañas de sus habitantes por un extranjero que viajaba con un bolígrafo desechable y mucho sentimiento adherido.

El contexto histórico, la política actual, los intelectuales más carismáticos, los personajes más detestables y la profunda reflexión de un escritor que se mueve por sus ciudades y se mezcla con el pueblo son la sal y pimienta de sus guisos literarios. Para eso vivimos y para eso viajamos: somos lo que leemos.

CUBA, ESPÉRAME QUE VOY

El escritor se inclina por la crítica, posición completamente ineludible cuando la conexión con el pueblo es tan cercana y nos empuja a opinar, opción que cobra sentido a medida que avanzamos en la lectura de sus experiencias.

Su viaje en coche recrea los paisajes y las conversaciones con los cubanos, bate la riqueza de su cultura con lo ancestral de sus tradiciones y nos enseña a pensar, a discutir, a conversar y a vivir con el sonido de las olas rompiendo en el Malecón. No me imagino una sensación más bella.

Cuba, el laboratorio de las esperanzas (4/4)
Los colores de Trinidad

Me despido de un país que he llegado a adorar sin conocer. Y, si a estas alturas, alguno de ustedes se pregunta por qué no he ido a Cuba todavía… señores, tengo una respuesta a sus inquietudes: solo tengo un corazón y no quiero que me lo rompan.

1 Comentario

  1. Querida Lara, muchas gracias por tus amables comentarios. Tremenda recompensa. Te lo escribo de corazón. Joer, regalo de Reyes que me has hecho leyéndolo. Muy agradecido, de verdad. Me encanta «es una narración asquerosamente completa»; el adjetivo es maravilloso. Hay que echarle un poco de pimienta a la vida, no? O resultará todo excesivamente correcto. Muy muy agradecido. Enhorabuena por el blog. El viaje, al fin y al cabo, es la Vida. Lo que nos nutre, sacude, enseña, cuestiona y alienta. Un placer coincidir en la «carretera de las letras.» Cuídate mucho, Lara y ojalá coincidamos algún día.

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