Cuando los muertos no existen

'Cuando los muertos no existen'

La periodista y criminóloga Fátima Llambrich nos desmonta, mediante esta novela documental y periodística, uno de los mitos más importantes a nivel judicial y policial: sin cuerpo, no hay caso, y mucho menos delito.

Caso Imperivm

Sin cadáver’ es la historia de Ramón Laso, el primer sospecho de homicidio condenado a prisión sin que hubiesen aparecido los cadáveres de sus víctimas, ni restos biológicos, ni pruebas físicas, ni confesiones. Sin ni siquiera testigos fiables que abalaran, o bien su coartada o bien su implicación en los hechos que se le imputaban.

Dos parricidios en la época de los años 90 y dos homicidios en 2009 son el conjunto de trama que se desgrana en esta novela de no ficción, donde Fátima ha conseguido unir la investigación minuciosa llevada a cabo por la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos d’Esquadra, junto con las entrevistas realizadas a Ramón durante años en el centro penitenciario.

Un caso controvertido a nivel judicial que hizo mella en un equipo policial estancado y al que no se le permitía avanzar, pero que consiguió, de manera soberbia, superar cada una de las trabas que se le ponían en el camino, hasta ganar la batalla.

Los hechos

El 27 de Marzo de 2009, los cuñados Mauricio Font y Julia Lamas desaparecen sin dejar rastro en tierras tarraconenses. La primera hipótesis fue que habían decidido marchar por su propia voluntad después de descubrir que sus respectivas parejas les había sido infieles. Pero, lo que parecía algo inocente, se convierte en un posible doble homicidio tras el conocimiento del pasado de Ramón y su implicación en otras dos muertes en 1989.

Se abría el camino para intentar condenar a Ramón Laso por ambas desapariciones, y no morir en el intento. Para ello, la conocida como prueba indiciaria fue decisiva.

Yo investigo, tu investigas

Fátima te convierte en investigador. La forma que tiene de narrar los hechos te hace meterte de lleno en el argumento, diría más, directamente en la mente del protagonista, en su forma de pensar. Junto a ello, y como el suave balanceo de un barco en el mar, la sensibilidad y el respeto hacia la persona de Ramón y el jugar con las fechas, los hechos y la mente del que lo lee, te va despedazando la historia, como si fuera una matrioska, poco a poco, sin prisa, pero también sin pausa. Todo a su debido tiempo. Siendo capaz de crearse, uno mismo, una hipótesis propia de quién y, especialmente, cómo era Ramon Laso.

«No sabemos nunca si conocemos a los que tenemos cerca o si sólo llegamos a conocer aquelloque nos quieren enseñar»

Más allá de Ramón Laso

La primera vez que alguien me habló y me dio una definición de lo que era la psicopatía o los rasgos psicopáticos fue una profesora de universidad. Muy brevemente, y antes siquiera de entrar en materia, dijo: «un psicópata es aquel que sabe mostrar su mejor sonrisa y encandilarte y manipularte con su verborrea apasionada. Aquel capaz de regalarte los oídos una vez y dos y las que hagan falta si con ello ve que consigue lo que persigue: a ti, a tu bondad, a tu creencia».

Evidentemente, es una definición nada técnica, pero que te permite crearte una primera idea. Años más tarde, el profesor y médico forense, el Dr. Cuquerella nos dio otra: «Son individuos que, a causa de su carácter frío, manipulador e impulsivo, de su agresividad y de su violación persistente de las normas sociales, entran en conflicto permanente con su entorno social”.

En un psicópata no hay emociones, a no ser que las simule. Igual que no existe el arrepentimiento. Antes si quiera de saber cuál era su diagnóstico, sus características eran demasiado evidentes. Nada se le movía por dentro. Bueno, nada no, porque la frialdad con la que Ramón habla, con la que escribe y describe las muertes de los que, se supone, eran sus seres queridos, con la que mira a cámara en ese fantástico documental realizado por la misma autora, acaba por helarte la sangre o zarandearte, como bien dice Fátima Llambrich: “El cuerpo del delito quizás te sacudirá el estado de ánimo, pero de emociones y sentimientos no pretendas encontrar donde no los hay»

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