Crimen Montcada: “las voces se apoderaron de mi”

Víctor A. I., acusado de matar al compañero sentimental de su expareja asentándole más de 200 puñaladas, ha asegurado en sede judicial que unas voces le convencieron de que tenía que matar a la actual pareja de su ex porque la trataba mal.

Crimen Montcada: “las voces se apoderaron de mi”
La fiscal solicita una pena de 22 años y medio de prisión por lo que entiende que fue un asesinato con alevosía y ensañamiento, aun teniendo en cuenta el atenuante por trastorno mental / Foto de archivo

“Llamé para pedir ayuda a mi psiquiatra, pero cuando me dijeron que no me podía atender, el mundo se me echó encima y las voces se apoderaron de mi”. Al día siguiente de dicha llamada, Víctor A.I, acusado de matar al compañero sentimental de su expareja asentándole más de 200 puñaladas, se personó en los aledaños del domicilio de su ex, en el barrio de Santa María de Montcada i Reixac (Barcelona), y esperó encontrarse con la pareja. “La voces me convencieron de que no la trataba bien y que por ello tenía que acabar con su vida” ha narrado el acusado en la primera sesión del juicio con jurado popular que se ha celebrado en la Audiencia de Barcelona.

Víctor A.I, que solo ha accedido a responder las preguntas de su defensa, parece que solo recuerda las dos primeras puñaladas, obviando las cerca de 200 que le infringió a la víctima. Hacía tiempo que no se medicaba por su esquizofrenia paranoide crónica, enfermedad que ya le había plantado ante la justicia en ocasiones anteriores, quedando, incluso, ingresado en un centro de salud mental durante tres meses por agredir a su padre. De hecho, desde su detención por este crimen, el 1 de junio de 2019, el acusado ha estado encerrado en un módulo penitenciario, específico para personas con trastornos mentales; enfermedad sobre la que girará todo este procedimiento.

Sus problemas mentales a juicio

En este sentido, su enfermedad mental diagnosticada y sus capacidades intelectiva y volitiva durante el día de los hechos, así como las horas previas, serán el eje de todo el juicio y sobre lo que el jurado popular deberá argumentar el grado de responsabilidad penal del acusado. En este sentido, tanto la fiscal, María Teresa Yoldi, como la letrada de la defensa, Marina Mas, contemplan en distintos grados una alteración patente de las capacidades intelectivas del acusado la mañana del crimen.

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Mientras que la representante del Ministerio Fiscal cree que tenía levemente mermadas sus facultades para diferenciar lo que realmente estaba sucediendo, contemplando un atenuante en este sentido; la defensa solicita para su cliente un eximente, al entender que sus capacidades estaban totalmente alteradas. “Aunque les impresione, su realidad no concebía que lo estaba haciendo estaba mal” ha asegurado Marina Mas, dirigiéndose al jurado popular que deberá determinar el grado de culpabilidad de su cliente. Por ello, en lugar de una condena, solicita una medida de seguridad traducida en un internamiento en un centro de salud mental durante un periodo máximo de 9 años.

Por su lado, María Teresa Yoldi solicita una pena de 22 años y medio de prisión por lo que entiende que fue un asesinato con alevosía y ensañamiento, aun teniendo en cuenta el atenuante contemplado. Según la versión que deberá probar la representante del Ministerio Fiscal, Víctor A.I. tenía capacidad volitiva suficiente para evitar la agresión y comprender perfectamente lo qué estaba sucediendo.

La defensa niega el ensañamiento  

Otro de los aspectos en los que difiere la versión de la defensa con la del Ministerio Fiscal se centra en el agravante de ensañamiento. Según la abogada Marina Mas, la víctima no sufrió. “Murió a la primera o a la segunda puñalada” ha sentenciado. Premisa que también ha recogido el acusado en su declaración, que ha asegurado que al joven venezolano “se le fue la mirada en la segunda puñalada”.

Además, la estrategia de la defensa, que se centra en demostrar que el acusado padece un problema mental, contempla también dos atenuantes: la confesión del crimen y la colaboración de su defendido durante el transcurso de la investigación policial. 

“C’est fini, c’est fini, c’est fini”

Según el relato del acusado, él y Selene G. empezaron una relación en 2019 que terminó en mayo cuando ella decidió volver con su expareja, la víctima, con quien había convivido durante 11 años. Ambos oriundos de Venezuela retomaron su relación y el acusado se marchó del domicilio de la mujer con quien había convivido durante los últimos meses desde el inicio de su romance. Un cúmulo de situaciones estresantes (la ruptura amorosa, la descompensación psíquica, varios días sin dormir y el despido de su trabajo), añadido al hecho que hacía meses que no se medicaba, le condujeron, asegura, a entrar en una espiral paranoide en la que unas voces le repetían que tenía que matar a la actual pareja de su ex porque la trataba mal.

Las voces, asegura, le hicieron creer que él la trataba mal. «O eso creo, por que hacía meses que no me medicaba» ha matizado Víctor A.I, quien ha recordado con esfuerzo los hechos producidos la mañana del 1 de junio enfrente del bar «l’Alzina» de Montcada i Reixac.

“Para poder hacer mi vida normal y que desaparecieran de mi cabeza tenía que repetir tres veces ‘C’est fini’”, ha continuado explicando en sede judicial. Dice que llegó a pedir ayuda a su psiquiatra habitual del Centro de Salud Mental de Sarrià; la doctora que le había tratado desde que fue diagnosticado en 2011. Sin embargo, ha explicado, no pudo atenderle. “Fue entonces que se me echó el mundo encima”. Su letrada, sin embargo, no habla de premeditación. «Con un enfermo mental no podemos contemplar esa premisa» ha asegurado a los medios a las puertas de la sala.

«Sólo quería acojonarlo»

Con todo, así fue como totalmente anulado por las voces, relata el acusado, se personó hasta los aledaños de casa de Selene G., donde él había vivido con ella. “Sólo quería acojonarlo” dice. Cuando la víctima y Selene aparecieron por las inmediaciones del bar, cercano a la estación de tren de Montcada Santa María, el acusado salió del local machete en mano y empezó un forcejeo con el compañero sentimental de su expareja. Éste pudo defenderse rociándole con un spray. Sin embargo, la víctima cayó al suelo y el acusado se abalanzó sobre él y le asestó cerca de 200 puñaladas, de las cuales 118 le provocaron heridas en la cara, el cuello y el abdomen.

En una de ellas, le seccionó los genitales y seguidamente lanzó el cuchillo a un jardín particular de esa misma calle. Seguidamente se sentó en una esquina. «Cuando me di cuenta de que lo había matado me entraron ganas de vomitar». Mientras él asegura que se estaba recomponiendo, decenas de vecinos se le echaron encima para frenar la macabra escena.

Ella declarará a puerta cerrada

Fueron los vecinos quienes protegieron a Selene y retuvieron al acusado hasta que llegó la policía. Muchos de ellos, incluidos los dueños del bar, asistirán como testigos a lo largo de las sesiones previstas esta semana. La relación de los vecinos del barrio con la víctima y la mujer no era muy estrecha, pero ella había pedido ayuda esa misma semana a los habituales del bar, a dos calles de su domicilio. Hacía días que recibía amenazas de Víctor y tenía miedo de que las pudiese llevar a cabo. Este miércoles será su turno como testigo.

En las cuestiones previas la fiscal ha solicitado, precisamente, que su declaración se celebrase a puerta cerrada, para «preservar la tranquilidad de su exposición ante el tribunal» ante la multitud de medios presentes. Extremo que ha sido aprobado tanto por el jurado popular como por la magistrada presidente. De este modo, este miércoles Selene G. no solo declarará tras un biombo, sino que lo hará sin la presencia de medios en la sala.

El resto de los testigos presenciales pasarán ante el tribunal ya sea por su relación con el acusado o la víctima o porque presenciaron los hechos en directo. Entre los testigos también se encuentran los padres de él, quienes, según la letrada de la defensa, vivieron en primera persona los problemas que le ha acarreado la enfermedad a su hijo. Sus voces, al igual que la de los peritos policiales y psiquiátricos, serán claves para determinar si realmente Víctor A.I estaba en sus plenas facultades o las tenía parcial o completamente mermadas cuando decidió acudir a Montcada i Reixac para «acojonar» a la pareja de su ex.

C’est fini, c‘est fini, c’est fini.

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