Crimen Guardia Urbana: «Patrullé con Albert, pero con el chaleco puesto y el arma cargada»

El testigo aseguró que, tras conocer la vinculación de la conversación que mantuvo días antes del crimen con Albert y el modo en el que murió Pedro, el miedo se apoderó de él y pasó días de mucha ansiedad.

Crimen Guardia Urbana: «Patrullé con Albert, pero con el chaleco puesto y el arma cargada»
Vehículo de la Guardia Urbana de Barcelona | @BARCELONA_GUB

El agente que compareció este miércoles y reveló que Albert López le preguntó, a fecha 16 de abril de 2017 —dos semanas antes de la muerte de Pedro Rodríguez—, cómo se desharía de un cadáver, aseguró que, tras conocer cómo había muerto Pedro, el miedo se apoderó de él hasta el punto de que patrullaba con el enjuiciado con el chaleco puesto y el arma cargada. 

Quince días antes de la muerte de Rodríguez, el testigo —muy cercano a la víctima— y Albert mantuvieron una conversación en la que el primero respondió, a preguntas del segundo, cómo se desharía de un cadáver, y cuya respuesta fue reproducida, días más tarde, con su amigo, Pedro Rodríguez. Su cadáver apareció calcinado en el interior de un vehículo en una pista forestal cercana al pantano de Foix (Barcelona), del mismo modo que él le respondió. En ningún momento, pensó que su comentario sería fuente de inspiración para cometer un crimen.

Cuando vinculó dicha conversación con la muerte de Rodríguez, el miedo pudo con él. Tenían que patrullar juntos, hecho que le creó una situación de ansiedad. Aun así, hablándolo con su pareja, creyeron que lo mejor era pasar desapercibido y no pedir un cambio de compañero, por lo que el domingo, 7 de mayo de 2017, dos días después de conocerse el hallazgo del coche calcinado de Pedro, el testigo inició su jornada laboral junto a Albert. 

Con chaleco y el arma cargada 

Ese día —y los posteriores hasta la detención de Albert— el agente fue al trabajo con el chaleco antibalas puesto, algo inusual en él. Incluso llevaba el arma cargada y sin seguro, para poder reaccionar con rapidez en caso de verse amenazado por el sospechoso del crimen de Rodríguez. Es más, ese domingo, decidió ir sentado en la parte trasera del vehículo policial para mantener controlado a López en todo momento. 

A pesar de su miedo, Albert se comportó con naturalidad, pero él era consciente de la conversación que ambos mantuvieron escasos días antes, en un día de patrullaje conjunto. Además, otro detalle que le hizo sospechar de que López ocultaba pruebas fue el hecho de que vino afeitado, cuando le tenía mucha estima a su barba. 

Con todo, ese mismo domingo, 7 de mayo, se armó de valor y fue a hablar con un superior, quien le aconsejó que suspendiera su jornada laboral y fuera a declarar ante los Mossos que llevaban la investigación. 

Siguió patrullando con miedo 

A la salida de la sala de vistas y peguntado por este medio sobre qué pasó tras su declaración ante los Mossos, el testigo respondió que le pidieron que siguiera patrullando con él. Era importante pasar desapercibido, no sabían cómo podía reaccionar Albert si descubría que su compañero sospechaba de él. El testigo colaboró con los agentes de la policía catalana hasta el sábado, 13 de mayo, cuando finalmente Albert fue detenido. 

Durante esos días, el temor a posibles represalias, la tensión, la ansiedad e incluso la culpa, le persiguieron a todas horas. Fue a trabajar con el chaleco y el arma cargada, mientras su pareja le escribía constantemente para saber si se encontraba bien. Ahora, casi tres años después de esa conversación y de la muerte de su amigo, sólo espera poder aportar un poco de luz a este caso lleno de miedo y oscuridad.

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