Crimen de la Guardia Urbana: Intercambio de parejas

Una semana de juicio y ya ha quedado meridianamente claro que este caso, sin Rosa Peral, tendría un interés escaso o nulo. Parece que prima más el morbo que la búsqueda de la verdad.

Crimen de la Guardia Urbana: Intercambio de parejas
Pedro Rodríguez (la víctima), Rosa Peral y Albert López

Querido/a lector/a, ¿ha participado usted, alguna vez, en una fiesta de intercambio de parejas?

Créame que, las reticencias (o no) que usted muestre a la hora de reconocerlo (o no), me resultan indiferentes. La irrelevancia de la vida sexual de cada cual (sus gustos, aficiones, manías, excentricidades, etc…), son cosa privada y merecen mi indiferencia como ciudadano y como periodista, siempre y cuando los gustos y costumbres de cualquiera se sitúen en los márgenes del código penal (no de ningún código ético o de decoro).

Así pues, que la gente intercambie sus parejas si les da la gana, que lo hagan en libertad y con deseable júbilo.

Juicio sexual 

Hago constar esto por que, tras la primera sesión del juicio por el «crimen de Foix» o «de la Guardia Urbana», conceptos como «follar», «come-hombres», «intercambios de pareja» o la posibilidad de «relaciones lésbicas en prisión», han retumbado más en la sala de vistas (y, por supuesto, en la sala de prensa del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya) que los intentos de las acusaciones por acreditar los indicios o pruebas contra los imputados, Albert López y Rosa Peral.

La componenda morboso-sexual es lo que importa. Lo que vende, lo que da pedigrí al asunto y, a la sazón, cuota de pantalla. 

Juegos de cama

En el fangal del juicio, tonto el último. Esta semana se le ha preguntado a Rubén (ex marido de la acusada, Rosa Peral, y padre de sus dos hijas), si le propuso a Rosa participar en una fiesta de intercambio de parejas con su amigo, Manu, vecino de Rosa, y su pareja. Manu y Rubén tenían mucha relación y, por lo que parece, Manu estaba empecinado en montar esa juerga, en la que quería que estuviera, sí o sí, Rosa, para lo que requirió el concurso y colaboración de Rubén.

Rubén respondió en la vista a preguntas de las partes, que él no sabe nada de ningún intercambio de parejas y que eso, él nunca lo hizo ni lo movió. 

La hermana lo oyó

Sigue el vodevil. Irene, hermana de Manu y también vecina de Rosa, fue interpelada al respecto de los susodichos intercambios parejiles. Y no dijo que esa música no le sonase. Vino a dar respuestas evasivas. No negó haber oído hablar de ello a uno y a otro. Las partes tomaron nota. 

Manu fue preguntado también sobre lo mismo, claro está. Y respondió, más explícito, que «…podría ser». 

«No», «quizá», «podría ser».

«¡Vaya vaya!», debieron pensar los actores jurídicos de este juicio; “¡qué interesante!», mientras tomaban las oportunas notas. 

Apreciado/a lector/a, ¿qué interés tiene toda esa comidilla morboso-sexual para determinar si Albert y Rosa son o no culpables de lo que sea que se les acabe acusando?

Irene lenguaraz

Pero la cosa no queda ahí. Irene no tuvo reparos en explicar los supuestos comentarios sexuales que Rosa le reveló en referencia a «lo bien que follaba Pedro, en relación con Albert». ¡Toma ya, menuda superrevelación!

A todo esto, todos nosotros, les periodistas, tomando notas y resaltando el asunto en fosforito. Un dato, sin duda, muy «relevante» desde el punto de vista juridico-penal. Como cuando Manu reconoció que le envió a Rosa una foto por WhatsApp de sus partes y le escribió en el mensaje algo así como «te gustaría probarla».

Ella se lo quito de encima y no le envío a él ninguna foto suya. (Se habló de intercambio de fotos, pero es falso). Aun así, sea como fuere, parece que eso es munición penal. Inaudito. 

Que un grupo de adultos propusieran o participasen en un intercambio de parejas resulta irrelevante penalmente, y si lo es desde otros puntos de vista (como parece desprenderse del interés mediático), será justo que lo sea para todos .

¿Qué es lo relevante?

La obsesión de Manu por yacer con Rosa (ambos no tuvieron relaciones íntimas nunca, a pesar de la incredulidad del fiscal), la proclividad que Manu veía en Rubén para realizar un intercambio de parejas y las curiosas fotos de Irene en el ordenador que Rubén compartía con Rosa, no tienen relevancia penal.

Querido/a lector/a, si ambos (Albert y Rosa) lo han hecho, que lo paguen. Como dijo el fiscal, Pedro no se llevo a sí mismo al pantano de Foix, se roció y se mató (la verdad es que ahí, el fiscal, estuvo francamente acertado). 

Lo hicieron Albert, Rosa o ambos (aunque no hay ni una sola prueba de lo tercero). Pero no se va a acreditar esa autoría concreta con las interioridades que ellos, ustedes y yo —¡todos!— tenemos guardadas en nuestros armarios. 

Intercambiemos las prioridades y busquemos la verdad, aunque sea la verdad jurídica del asunto. Viendo el estado de las cosas, con eso me conformo.

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