Coronavirus y turno de oficio

El abogado de oficio normalmente acaba recibiendo broncas del policía que se cree Perry Mason, de los funcionarios del Juzgado, del Fiscal y del Magistrado de Guardia.

Ricardo Gómez de Olarte

En los tiempos de zozobra e incertidumbre en los que el Coronavid-19 nos está haciendo vivir, todos estamos agradeciendo el trabajo al personal sanitario, a los cuerpos policiales, a los repartidores, incluso a los empleados de banca.

Pero todos nos estamos olvidando de un colectivo que nunca ha conocido de festivos y, hasta hace relativamente poco tiempo, tampoco ha conocido de horarios. Me refiero al colectivo de justicia que envuelve los Juzgados de Guardia o, desde la óptica del abogado, el Turno de Oficio. El Consejo General del Poder Judicial ha dictado la suspensión de los plazos judiciales así como de todas aquellas actuaciones que no sean urgentes o actuaciones en las que esté involucrado un preso. La mayoría de las actuaciones “urgentes” están constituidas por las detenciones que se van practicando a lo largo del día y que obligan a la policía a poner al detenido a disposición judicial.

Una vez que el detenido ingresa en los calabozos del Juzgado de Guardia, el personal del Juzgado de Guardia forma la lista de asuntos y a medida que los abogados que asistieron a sus clientes van llegando al Juzgado, se va conformando la lista de declaraciones ante el Magistrado. A la par, se van formando los expedientes judiciales que se componen inicialmente del atestado policial, se registra en el libro de asuntos, número de Diligencias Previas, informática, etc… Se da una copia del atestado al Fiscal y al abogado defensor y el médico forense interviene en aquellos casos que son necesarios.

Para cualquier persona ajena al mundillo, es una especie de caos, ya que está en danza casi todo el personal del Juzgado, incluyendo tramitadores judiciales (antiguos Oficiales de Justicia), auxiliares, agentes judiciales, forenses, Letrados de la Administración de Justicia, Fiscales y Magistrados. Es decir, unas 18 personas. A ello hay que añadir a los agentes encargados de la custodia y traslado de detenidos, personal de los calabozos, limpieza extraordinaria, testigos y víctimas de los presuntos delitos, etc…

En ocasiones, no es fácil trabajar con según qué detenidos. El hedor que desprenden algunos es nauseabundo, pero como sea que el declarante está en peor situación, jamás contemplé queja alguna en presencia del detenido. Todos los asistentes a la declaración callábamos y aguantábamos estoicamente. Lo mismo sucedía con enajenados, agresivos o graciosos. El callar y aguantar va en el precio del respeto que merece cualquier detenido. Aunque luego menudeen los comentarios, nunca en presencia del declarante.

El abogado de oficio, que debe recorrer media Barcelona en pos del detenido por el que es avisado, tras largas (horas) esperas en comisarías, normalmente acaba recibiendo broncas del policía que se cree Perry Mason, de los funcionarios del Juzgado de Guardia, del Fiscal de Guardia y del Magistrado de Guardia. Y todo eso en condiciones precarias en comisarías y debiendo circular sin todas las protecciones con las que cuentan hasta los dependientes de cualquier supermercado.

¿Se imaginan una huelga de abogados de oficio? ¿Cuáles serían las consecuencias? La primera y más evidente sería la superpoblación en los calabozos de policía y Juzgados. En dos días de huelga literalmente no habría suficientes calabozos para albergar detenidos y el plazo máximo para ponerlos a disposición judicial es de 72 horas. Calculen el resultado con tan solo cuatro días de huelga.

Salvo testigos, víctimas y presuntos autores de los delitos, todos, absolutamente todos los demás actores de estos callados dramas cotidianos cobran puntualmente cada mes. ¿Todos? No. Solo hay un colectivo que cobra muy poco, tarde y fraccionado: los sufridos abogados de oficio. Así, la próxima vez que aplaudan por la noche en agradecimiento por el sacrificio de aquellos que ven, recuerden un minuto a los que no ven.

Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo.”
Bertolt Brecht

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here