Corazones negros de Noelia Lorenzo Pino

Corazones negros de Noelia Lorenzo del Pino

Irún (la Tijuana del País Vasco), Ordiartzun, Hondarribia, Donostia. El tráfico de drogas. La corrupción policial. Y, esta vez, sobre todo la trata de blancas: todo con mujeres con sentimiento de culpa, con ganas de escapar de su propio cuerpo y, sí, con madame polaca de casa de citas de fondo y con examante de guardia civil metida a gobernanta de puticlub…

He aquí una novela con bien creado clima (no hace falta la sofisticación cuando hay credibilidad) sobre la prostitución y la trata de blancas, la cual obliga al lector a situarse, en este asunto, en el lado femenino.

He aquí una novela psico-violenta y actualísima en la que hay implicación, finura moral, denuncia de intereses sórdidos, turbiedad, crudeza epatante y dolor.

Y es que dividiendo la trama en escenas, con más regusto fílmico que literario y con prosa seca como el whisky o como un disparo, Noelia Lorenzo Pino (Irún, 1978) escribe intercomunicadas novelas negras policiales con crímenes cuya investigación parece una madeja enredada –La sirena roja (2015) y La chica olvidada (2016)- dotadas de texturas y atmósfera propia, y con personajes de serie, verismo contundente, estructuración narrativa en la que la trama es un constructo previo a la escritura (la cual no se asienta sobre el lenguaje sino sobre los puntos de giro argumental) y, en suma, con una impronta ajena a cualquier tipo de victorianismo de género…

Son novelas fáciles de leer y difíciles de olvidar

Su talento para la intensidad, la intriga segregada a base de dosificar al lector la información, la denuncia social y el impacto emocional ha sido notable siempre en todas estas ficciones suyas, pero esta vez incorpora, además, una estrategia narrativa audaz de la que la autora sale muy bien parada: el lector es testigo de un crimen en las primeras páginas, del cual la pareja mixta de investigadores protagonistas (la agente Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua, de la Unidad de Investigación Criminal de la Ertzaintza en Oiartzun, dos agentes de la policía vasca descritos con finura psicológica y bagaje emocional propio, pero que, si no son de piedra, acabarán follando en próximas novelas de la autora, ¡o eso cree mi enferma cabeza!) aún no tienen noticia y, así, el grado de conocimiento del lector va por delante del de los protagonistas.

Noelia Lorenzo del Pino
Noelia Lorenzo del Pino

El lector se identifica desde el principio con la víctima Anna Karlatos (a la que ya nadie llama así; lean la novela para saber por qué). La turbiedad moral va in crescendo. Las sorpresas son continuas. El final es inesperado…

Corazones negros es, en suma, una buena novela negra con personalidad suficiente, con ritmo, con sentido del espectáculo y con responsabilidad social sobre el presente, pues, en su presentación del lado oscuro, no cae nunca del lado de la banalización del mal.

Un trabajo modélico.

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