Cómo perder un país

Hemos luchado y sufrido mucho en Europa por nuestros derechos y deberes, por nuestra dignidad política, ahora toca defender lo conseguido

Cómo perder un país
Erdogan y Jordi Pujol, corruptos idolatrados que se creían impunes

Es como esos periodistas de internacional vivarachos y con pajarita que envían crónicas desde lugares exóticos las cuales parece que están hablando sobre el extranjero, pero en realidad versan sobre nosotros…

Sí, en el libro de Ece Temelkuran (Ilmir, 1973) recién publicado por Anagrama y titulado COMO PERDER UN PAÍS. LOS SIETE PASOS DE LA DEMOCRACIA A LA DICTADURA parece que se nos está hablando sobre Turquía (en concreto sobre una Turquía con aviones de combate sobrevolando Estambul ya trufado de bombas y disparos: todo durante un chapucero autogolpe de estado que Erdogán empleó para activar un engranaje de purgas y detenciones que consolidara su poder personal), pero no pocos creemos que se nos está hablando sobre Cataluña.

De hecho el libro da en la clave de cómo perder un país: es a base de líderes ambiciosos y corruptos que no teman emplear primero el nacionalismo, y luego el populismo… Cuando la rebelión de las masas, por decirlo con un término de Ortega y Gasset, prende, el resultado no es la profetizada emancipación del pueblo supuestamente oprimido, sino la consolidación de la pretendida autarquía represora de pruralidades, discrepancias y disidencias.

En este sentido el libro se organiza como un manual de instrucciones para llevar a un país o una comunidad autónoma de la democracia a la dictadura de facto en siete pasos que la autora presenta y desmenuza a modo de denuncia y de antídoto: crear un movimiento, trastocar la lógica, apostar por la postverdad, violentar los mecanismos judiciales y políticos, diseñar tu propio modelo ciudadano sin atender a la pluralidad y terminar construyendo tu propio país o tu propia comunidad autónoma a tu medida.

Uno superpone la figura de Erdogan y la de Jordi Pujol y tiene la sensación de que encajan a la perfección, corruptos idolatrados que se creían impunes y que, cuando supieron que iba a salir a la luz su corrupción, apelaron al estómago y los complejos de superioridad de la masa potenciando el nacionalismo y el populismo para no perder el poder ni tener que pagar jamás por su corrupción.

Asimismo tiene este libro otra lectura que tiene que ver con como estamos perdiendo en Europa nuestros países a causa de esa sutil dictadura llamada lo políticamente correcto.

Hemos luchado y sufrido mucho en Europa por nuestros derechos y deberes, por nuestra dignidad política, nuestros consensos democráticos y nuestra libertad, y ahora, en estos tiempos donde la exaltación va por encima de la razón, toca defender lo conseguido.

Me lo dijo el otro día el escritor y pensador, lúcido pensador, José Carlos Somoza: en Europa hemos luchado mucho por ser Europa (de hecho Europa está repleta de cicatrices como Frankenstein), y eso no podemos permitir que lo destruyan ni desgarren ni los radicales de derecha ni los radicales de izquierda ni los radicales religiosos ni los radicales de lo políticamente correcto o los radicales nacionalistas y/o independentistas o las radicales feministas o los radicales de cualquier otro tipo…

Ser radical no es ir a la raíz, como escribió Karl Marx, sino que es la mejor forma de perder un país.

Qué falta hace recordar a Aristóteles: los señores de la guerra odian los matices, quieren que todo sea blanco y negro y nosotros y ellos, y por eso conviene no olvidar que lo primero es la convivencia y que en el centro está la virtud.

Feliz Año Nuevo.

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