Ciudadana Arrimadas

Luis Artigue escritor

La cosa política en la capital de las Españas está así: Ciudadanos le pone un cordón sanitario al PSOE, y el PSOE se pone un condón sanitario ante Podemos, y en el medio está Inés Arrimadas (en medio del cordón, no en medio del condón) como una Cibeles recién desvendada.

Sí, ahí está ella,con sus ojos de toro de lidia y su magnetismo de leyenda con causa, con su pose de la lozana andaluza, sí, ella con sus lágrimas de Antígona lloradas hacia dentro mientras se niega a dar aliento a Pedro Sánchez pero, sin embargo, le suelta dos besos al independentista convicto Josep Rull también en plena sede parlamentaria (he aquí un acto tan contradictorio y, a la vez, tan femenino que parece la verdad misma)…

Todo para desaflojar con inteligencia, sensibilidad y naturalidad femenina tensiones electorales/judiciales.

Pero ahí no acaba lo empezado: Inés Arrimadas, ya lo verán, es lo más sorprendente que trae la venidera moda política primavera-verano.

Y es que la Ciudadana Arrimadas ya ganó las elecciones en Cataluña y ahora ha llegado a Madrid para enamorarlo y llevárselo al huerto así, como cantaba Leonard Cohen en aquélla canción célebre: “Primero conquistaremos Manhattan, y luego tomaremos Berlín”.

Y es que Albert Rivera es de centro y yo tampoco, eso está claro.

Pero no nos acabamos de creer lo de que Inés Arrimadas esté de acuerdo con eso de no abstenerse en la investidura del chulapo Pedro Sánchez (ese presidente que tiene algo de condotiero renacentista y otro tanto de miembro de fraternidad universitaria yanqui) porque, de no hacerlo, ella tendría la sartén por el mango (¡qué metáfora más fálica!), en vez de que la sartén por el mango la tengan una vez más los independentistas.

Sí, Inés Arrimadas es más lista que todo eso…

Inés arrimadas es más lista que Albert Rivera y, de hecho, está esperando así, resguardada bajo un seto político, a que Cayetana Álvarez de Toledo eche a un lado a ese chuletón de Ávila poco hecho llamado Pablo Casado y, sí, tome por fin las riendas del PP, para pasar ella también a dar un respectivo codazo al waterpolista y ya coger el timón sin rumbo del partido Ciudadanos.

Todo ha sido un rodeo breve, y ya mismo el bipartidismo vuelve, pero femenina y feministamente reactualizado.
La batalla primera está en la derecha, donde se avecina una lucha fratricida por el liderazgo.

Pero esta lucha no es, como dicen, entre un chuletón de Ávila poco hecho y un waterpolista de piscifactoría…

El juego de tronos, como en la canción de Mecano, “es mujer contra mujer”.

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