Chocolate negro y criminal en la cárcel de Quatre Camins

El popular chocolatero de Taradell, Raül Cegarra, conocido por sus impresionantes figuras de chocolate visitó esta semana la cárcel de Quatre Camins para sorprender a los internos con un taller de repostería

Chocolate negro y criminal en la cárcel de Quatre Camins
el prestigioso chocolatero de Taradell, Raül Cegarra en su visita al centro penitenciario de Quatre Camins

Ir a la cárcel no es una excursión que se haga, de forma habitual, cada tarde y menos para Raül Cegarra y su ayudante, Judit Plana, del sector de la repostería. Por eso, llegaron poco antes de la hora acordada – 16:30h -, pues querían asegurarse de llegar bien y montar todo el equipo antes de que bajaran los internos.

El taller se impartía para los presos del módulo 1, los que cumplen penas de larga estancia. Motivarlos es todo un reto para Roser, la educadora que se puso en contacto con el chocolatero de Taradell para realizar el taller de repostería con motivo de la llegada de la Pascua.

Roser trabaja en el módulo 1 de la cárcel de Quatre Camins desde hace 14 años, se conoce a la perfección cada rasguño de los internos que tiene bajo su cargo y es consciente de lo mucho que cuesta encontrar actividades que les motiven. Por eso, haber conseguido celebrar el taller con 8 internos le parecía una maravilla. Se la podía ver contenta. ¡Menuda energía!

Tras pasar varias puertas, seguidas de varios controles, llegaron al pabellón donde se celebraba el taller. Alrededor un pequeño patio. Algo de verde entre tanto gris. Minutos más tarde bajaron los internos, junto con dos educadores más y una guardia de seguridad que se quedó fuera del habitáculo.

Al principio, costó un poco captar la atención de los internos. Se mantenían distantes y fríos ante las explicaciones. Aun así, Raül, rápidamente, se las ingenió para captar su atención: “tocar todos los materiales, las texturas y productos”. Enseguida pareció despertarles y poco a poco se mostraron más receptivos.

El momento álgido culminó cuando los internos empezaron a visualizar la figura que Raül estaba creando con el chocolate. Tenían ganas de saber en qué finalizaba aquella figura que habían visto nacer. “Un pingüino” decían algunos. Finalmente, apareció un gallo. Tan solo con un pequeño contratiempo: tenía un ojo más grande que el otro. “Parece tuerto” decían, o “le puedes hacer uno negroy otro blanco, como si le hubieran pegado”.

Llegó el momento deseado, comerse el postre. No dudaron demasiado en romper la figura y dividirla en pedazos. Se repartieron los trozos y envolvieron los que no se comieron para llevárselo a sus celdas. Raül también les ofreció restos de chocolate que no se habían utilizado. Parecían contentos.

Antes de irse, cerca de las 19h de la tarde del pasado martes, los internos le agradecieron el taller al chocolatero de Taradell y preguntaron si volverían. Buena señal, eso significa que les ha parecido interesante. Roser también les agradeció la visita y insistió en volver de nuevo.

Raül y Judit están convencidos de que aquella tarde ellos han aprendido, seguramente mucho más, que los presos. El personal pregunta si queda chocolate. Para la próxima traerán más.

Mientras cargaban los recipientes en el coche, vieron dos chicos salir, arrastrando dos carros llenos de bolsas. Se preguntaron si acababan de salir… una sensación extraña… ellos de camino a casa con sus familias, pero ¿los jóvenes? Seguro que agradecían sentir el aire débil de media tarde, sin que rozara antes las vallas espinosas de Quatre Camins.

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