Chistes políticos. Sesión de tarde

No se puede aprobar la derogación de la reforma laboral sabiendo que nada tiene que ver con la crisis sanitaria

Ricardo Gómez de Olarte

El otro día, comiendo con un gran y antiguo amigo, surgió una polémica divertida. Mi amigo me dijo: “Oye, al margen de errores y equivocaciones, en las que seguro que estaré de acuerdo contigo al 150%… ¿No crees que en esta crisis de la pandemia y del confinamiento hay que estar todos a una defendiendo a nuestro presidente, sea cuál sea la ideología o intención de voto?”.

Le respondí que sí, que tenía toda la razón. Que todos los españoles debíamos estar a una, empezando por el presidente del gobierno. Porque si para “estar todos a una”, la condición es que el presidente pueda mentir descaradamente y aprovechar “esa una” para resolver cuestiones al margen de “esa misma una”, no le veía yo la coherencia. En esa situación se hace muy rastrero, por parte de quien fuera, pedir unanimidad y apoyo porque entonces quien pervierte y arrastra por el fango la buena voluntad de gente que apoya esa unidad por encima de la ideología. En realidad, creo que se trata de una serie de gracias desangeladas. Esa exigencia de unidad de Sánchez, me parece un chiste, el primero, de muy mal gusto.

Mi amigo calló y me dijo que no lo había visto así y que lo mismo tenía razón yo. En el fondo, esa cuestión creo que es la que una gran parte de la población española se está haciendo a sí misma: ¿Es lícito o ético invocar el apoyo ciego ante la pandemia para colar mentiras que hagan creíble su fracaso en la gestión de la crisis? ¿Es lícito o ético pedir la confianza ciega para colar medidas totalmente ajenas a la gestión de la crisis?. Por mi parte la respuesta a ambas preguntas es rotundamente negativa. Quizás sea porque, como dice la canción de Loquillo (últimamente no elige bien sus manifestaciones públicas, lo sé. Pero no por eso sus canciones dejan de estar vigentes), en mi caso soy “de otra época y corte moral”.

No se puede aprovechar una crisis de esta entidad para colar de rondón a Iglesias dentro de la comisión del CNI siendo público que ha cobrado dinero y favores de Estados extranjeros. No solo lo prohíbe la legislación española (como la de casi cualquier estado serio), sino que va en contra del más mínimo sentido común. No se puede anunciar urbi et orbe que habrá suspensión del pago de alquileres para los más necesitados durante esta crisis y supeditarlo todo a sentencias judiciales cuando la actividad judicial está suspendida. No se puede mentir a diario sobre la cifra de infectados y muertos por el coronavirus y pretender que el resto del mundo nos tome en serio. No se puede aprobar la derogación de la reforma laboral sabiendo que nada tiene que ver con la crisis sanitaria y económica en ciernes y sabiendo que la UE la tumbará o provocará una desconfianza infinita respecto en Bruselas porque necesitaremos un rescate. Ídem respecto a las reformas sociales exigidas por Iglesias. Eso no es ir “todos a una”.

Si vamos “todos a una” quien debe empezar es el gobierno. Una cosa es ser un cínico y la otra ser un sinvergüenza. Supongo que tenemos los políticos a los que votamos.

Para entender el segundo chiste debemos hacer un poco de historia reciente. El 26 de junio de 2016 se celebraron elecciones generales en España que, en la práctica no sirvieron de nada, por cuanto tuvieron que repetirse al no alcanzar acuerdo alguno para formar gobierno. En plena campaña electoral, concretamente 11 días antes, el 15 de julio de 2016, SERTV colgó en Youtube una entrevista realizada por Pepa Bueno a Pedro Sánchez. No creo que la SER pueda ser acusada de manipulación en contra del PSOE.

Se inicia con una pomposa proclama de Pedro Sánchez: “Y ahora voy a presentar algo que creo importante para los españoles. Sobre todo algo que va a responder a una de vuestras preguntas”. Pepa Bueno le dice a Sánchez “O sea, que aquí vienes a hacer un anuncio”. Sánchez contesta que sí y que se refiere a la Constitución. Sube a una palestra y “urbi et orbe” anuncia que “Romper con España significa también romper con principios de solidaridad que puedan representar, por ejemplo, el sistema público de pensiones, la seguridad social. Y, en consecuencia, nosotros creemos que no ha lugar a un referéndum por la autodeterminación ni de Cataluña ni del País Vasco ni tampoco de Galicia. Pero sí a una reforma constitucional que culmine el modelo territorial que nuestro país que es lo que nosotros hemos llamado una España federal”.

Hasta aquí perfecto, su promesa de entonces concuerda con los hechos de ahora y no engaña a nadie. Lo que no dijo es que cualquier proyecto de reforma constitucional deberá ser aprobado por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no existiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado. Si aún así no se consigue y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.

Con la mayoría de izquierdas y partidos nacionalistas que sostienen al gobierno actual es del todo imposible que el gobierno de Pedro Sánchez pueda conseguir nada al respecto de la reforma constitucional: tanto en las inútiles elecciones de 2016 como en las siguientes, el POSE (no es un error de transcripción, es más pose que PSOE) sabía perfectamente que no podría alcanzar esos 2/3 mínimos necesarios y mucho menos los 3/5. Así que cualquier mesa de negociación o conversaciones al respecto con los independentistas es pólvora mojada. Otra cosa es que delante de su electorado, a los partidos separatistas les vaya bien hacer ver que se tragan el anzuelo. ERC se ha dado cuenta de que su parroquia es consciente de las mentiras que Junqueras “et Cíe” esgrimieron para mantener la esperanza en su votante medio. De hecho, hasta se puso de manifiesto en el juicio a los sediciosos catalanes.

Por su parte, CiU/JxCAT/PdCAT, traicionando su propia esencia “petit burgeois” se ha lanzado a ocupar la pista central de ese circo Barnum que dirige Puigdemont. Éste, ha mutado en la rencarnación de Phineas Taylor Barnum. Este fue un “jeta” que presentaba supuestos fenómenos como la esclava ciega y casi completamente paralizada llamada Joice Heth, quien era anunciada como una niñera del presidente George Washington y supuestamente tenía 161 años. En su fallecimiento, Joice Heth murió con una verdadera edad de no más de 80 años. Puigdemont, que debe haber tomado como patrón de vida la biografía del sinvergüenza de Barnum, presentó una independencia de Cataluña como cosa perfectamente viable, tanto consensuada como unilateralmente. Para el primer caso, ya hemos demostrado que, hoy por hoy, es del todo imposible. Para la consecución de la independencia unilateral y efectiva se necesita, además de valor ciego, la voluntad de un pueblo que no esté acomodado. La mayoría de la actual sociedad catalana está muy acomodada y no está desesperada por la independencia. Tampoco es valiente y tiene mucho más que perder que lo que puede ganar a medio o largo plazo. Es decir, ni los nietos de los cachorros de los antisistema de la CUP verían un Estado Catalán del Bienestar.

ERC y CiU/JxCAT/PdCAT son conscientes de la imposibilidad legal de acceder a la independencia. Cada uno aborda esa realidad de diferente modo: ERC finge ser la hormiguita que colabora con Madrid para ver qué saca. CiU/JxCAT/PdCAT se rasga las vestiduras haciendo aspavientos para que las pijas de los barceloneses barrios de Tres Torres o Sant Gervasi o los ultramontanos del campo sigan soltando “parné” y/o votos y mantenerlos en el poder. Parto de la base de que los de la CUP no tienen ni la más remota idea de legislación y si la tienen les importa un bledo.

Yéndonos al Norte, los de Bildu están en la tesitura de ERC pero invirtiendo los términos ya que sacan en procesión a los mártires de la ETA para no dejar huérfanos a aquellos que añoran los “viejos buenos tiempos” de los años de plomo. Los herederos de los etarras se han dado cuenta que la propia sociedad vasca se hartó de la dicotomía “Euzkadi libre y comunista vs. España opresora” y son conscientes de que no pueden ir más allá del folclore nostálgico.

Los únicos prácticos son los del PNV que, magníficos conocedores de los mecanismos legales y de las verdaderas intenciones de voto, tanto en su región como en el resto del estado español, consiguen lo que quieren del gobierno de turno. A Rajoy le prometieron su apoyo e hicieron constar en los Presupuestos Generales del Estado lo que recibirían, que no era otra cosa que dinero. Al poco, por “cuestión de higiene democrática” le retiraron su apoyo para volver a pactar con el actual Fraudillo Pedro Sánchez y conseguir más dinero y más competencias cedidas. Lo que implica mayor reparto de cargos entre su clientela. Dentro de poco volverán a traicionar a Sanchez.

En realidad no están haciendo sino lo que otrora practicara Pujol, Aznar, Zapatero, Urkullu, etc… ¿Qué nos encontramos pues? Que no hay tanta diferencia entre Puigdemont, Sánchez y diversa ralea que nos gobierna. Ambos piden unidad para lograr un único propósito: mantenerse en el poder y vivir del cuento. El Barnum leonés, Pedro Sánchez, dirige otro circo, el español, lleno de artistas falsos fenómenos -que serían el resto de políticos- y sus falsos números de circo –los prodigios que legisla el gobierno pero carentes de contenido, certeza y aplicación real- mientras que cuenta chistes que el público –el pueblo español- celebra creyendo que son verdades divinas. Todos los artistas son conscientes de que se trata de mantener imagen y actitud, en definitiva, una POSE que envuelve un triste y pobre espectáculo que pagamos entre todos.

“Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía.”
Anaxágoras

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