Cayetana Álvarez de Toledo en la universidad

Luis Artigue escritor

Cayetana Álvarez de Toledo, toda ella pijería y melena áurica con tonalidades que recuerdan al verano y al trigo, va con su delgadez de esfinge y su troquel heráldico a la Universidad Autónoma de Barcelona a impartir una conferencia con su hispano-argentina voz de todas partes, de todos los puertos, ella más de derechas que española al contrario que Inés Arimadas (que es más española que de derechas), va, digo, con la noble lentitud traslaticia de currículum de Oxford frondoso como una arboleda de certezas…

En esto se encuentra con una barricada de estudiantes de la carrera de la ignorancia adolescente o inconfesa (sólo eso puede justificar que se entienda como un valor impedir hablar al que no piensa como nosotros; uff, cuánto daríamos por volver a ser universitarios y que viniera a platicar, a nuestra facultad, no solo un político de la trinchera contraria con el que discrepamos, sino incluso digamos hasta Hitler, o hasta Stalin. Y que pudiéramos preguntarles, debatir con ellos, entrevistarlos. Cuánto daríamos por ver in situ cómo pensaban; cómo era, por ejemplo –y es un ejemplo extremo- la mente de los que devastaron el amado siglo XX)…

¿Qué coño es la universidad, sino el educacional artefacto institucional racional-civilista que ha de hacer que se nos caiga el velo del fanatismo para que tengamos siempre en cuenta que, junto a nosotros, existe el otro con su verdad también a cuestas?

Sí, Cayetana Álvarez de Toledo va a la universidad como una Agustina de Aragón de Christian Dior que abre la puerta y entra con paso de garza en los libros de historia.

Los Mossos d´Esquadra, por su seguridad, la aconsejan a ella al llegar que les haga una cobra a esos exaltados de pupitre poco hecho; que se cuele por la puerta de atrás.

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Pero Cayetana Álvarez de Toledo, asida a esa elegancia de media mañana que le dura todo el día combinada con un histórico arranque de lo único que, dicen los clásicos, merece la pena en esta vida (la dignidad y la belleza), replica así, con la impavidez del mármol: “¡La democracia entra por la puerta principal!”.

Con esa frase está dicho todo… En fin.. Chis pum..

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