Caso Macedonia: los Mossos se plantaron ante la obsesión del juez

El exjefe de Anticorrupción de los Mossos ha arremetido contra la instrucción ejecutada por el juez Aguirre y ha asegurado que el informe de la DAI para imputar subinspector implicado “carece de total objetividad”

Caso Macedonia: los Mossos se plantaron ante la obsesión del juez
A medida que iba avanzando en su declaración, el testigo se iba mostrando cada vez más duro con la instrucción y con la posterior investigación de la DAI / Archivo

“Lo siento, pero no podemos mentir en los atestados”. De este modo, el exjefe de Anticorrupción de los Mossos recuerda que se excusó al juez Joaquín Aguirre, instructor de la ‘causa Macedonia’, ante las exigencias de éste para que los investigadores de los Mossos solicitaran la intervención telefónica de los agentes de la Guardia Civil, con quienes estalló la macro causa que se juzga en la Audiencia de Barcelona. “La policía tiene que hacer lo que yo diga”, le llegó a responder su señoría.

Los Mossos no lo veían claro

La investigación no estaba dando los frutos que el magistrado esperaba, sus teorías iban perdiendo fuelle, no había indicios sólidos de corrupción policial alguna y el instructor empezó a desesperarse. Parece, como sostienen las defensas, que necesitaba a toda costa que alguien empezara a engrosar sus teorías para poder tirar el caso hacia adelante. Los jefes de Anticorrupción, primero Trapero y luego este testigo, se opusieron a pedir ciertas diligencias porque no lo veían claro. Y Aguirre se deshizo de ellos, abrió causas paralelas e, incluso, llegó a imputar al segundo y a todos aquellos que habían intercambiado dos palabras con éste.

“Me insistió en varias ocasiones su voluntad de que la División de Asuntos Internos de los Mossos entrara a formar parte de la investigación. Yo ya le expliqué que no podía ser, pues por protocolo interno sólo pueden actuar cuando hay algún agente del cuerpo implicado«, ha recordado el Inspector, sobre la insistencia del juez. Más tarde, el Inspector se enteró de que el juez movió todas las fichas posibles para que fuese la DAI quien estuviese tras la investigación del caso, como finalmente sucedió.

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Falta de objetividad y conclusiones desorbitadas  

A medida que iba avanzando en su declaración, el testigo se iba mostrando cada vez más duro con la instrucción y con la posterior investigación de la DAI, a la que ha tachado de “carecer de total objetividad”. El exjefe de la División Adjunta, más tarde conocida como Anticorrupción, ha expresado su estupefacción con los procedimientos que se llevaron a cabo tanto en la investigación judicial como en la policial, llegando a unas conclusiones que, según él, poco o nada tienen que ver con la realidad de los hechos.

Dicha declaración se ajusta a la denuncia de las defensas, que siguen insistiendo en “lo nefasta” que fue la instrucción y en la de intereses cruzados que liderado, según ellos, la presente investigación, salpicando los 17 imputados, en especial al subinspector de Vilanova i la Geltrú que, finalmente, se ha visto sentado en el banquillo de los acusados.

El inicio de la investigación

Para contextualizar sus argumentos este testigo ha repasado el origen de la causa, la mala relación con el instructor y la cronología de los hechos. Todo empezó cuando el juez Aguirre, al mando del Juzgado de Instrucción 1 de Barcelona, le pidió al entonces Inspector de Jefe de Anticorrupción que investigase a unos agentes de la Guardia Civil que podrían haber cometido un delito de corrupción, al proteger a unos narcotraficantes.

El Inspector, tras analizar la causa, aceptó la investigación, pero advirtió al magistrado de que uno de los detenidos (el sr. Bono, un presunto narcotraficante, acusado también en la presente causa) era conocido de un tal Manuel Gutiérrez Carbajo: un antiguo informante de su División en el marco del caso ‘Riviera y Saratoga’ (que investigaba una presunta trama de corrupción en unos prostíbulos de Castelldefels). Carbajo, sentado también en el banquillo de los acusados, ha sido señalado por el instructor y por la fiscal como el líder del entramado criminal objeto de investigación en la ‘causa Macedonia’.

Cuando el juez los echó de la causa  

La investigación de los Mossos fue avanzando hasta llegar a la conclusión de que había sido un engaño entre los delincuentes lo que condujo a la Guardia Civil a anotar una cifra errónea en la cantidad de droga incautada. “El juez del 1 entró en una convicción personal de que la Guardia Civil había actuado mal, y de que había elementos corruptos en el Cuerpo, por eso pasó la investigación a los Mossos, a la unidad que yo dirigía”. Pero, aunque los Mossos descartaron cualquier indicio de la implicación de la Guardia Civil, el magistrado insistió en que se intervinieran sus línea de teléfono. Fue entonces cuando el testigo le dijo que no podían mentir en los atestado. A partir de ahí su relación se quebró y finalmente el juez les pidió que abandonaran las diligencias y se apartaran de la investigación.

A partir de ahí, Aguirre se apoyó en un informe de Asuntos Internos, pero de la Guardia Civil, que recogía los contactos entre algunos mossos e investigados por narcotráfico -sin especificar la relación que mantenían, por lo que podían ser confidentes-, para que la unidad análoga de la policía autonómica se hiciese cargo de las pesquisas del caso ‘Macedonia’, como acabó sucediendo.

Las irregularidades de la DAI

A partir de entonces, fueron los agentes de la DAI quienes se hicieron cargo de la investigación. Pues, como había indicado la Guardia Civil, dos agentes (entre ellos el subinspector todavía acusado) habían mantenido conversaciones con los sospechosos de narcotráfico. Sin embargo, no quedaba claro el origen de estas comunicaciones. Por eso el testigo no comprende como se pudo relacionar a los agentes con la trama de narcotráfico y revelación de secretos, si a su parecer, no había indicio alguno de ninguno de los dos delitos.

Para más inri, las sospechas para intervenir el teléfono del subinspector, ha asegurado, el exjefe de Anticorrupción, fueron insólitas e injustificadas. Según su criterio profesional no hay indicio de criminalidad alguno en los dos motivos que citaron los agentes para justificar dicha intervención: por un lado, un mensaje en el que un narco fugado decía que detrás de esta causa había un “jefazo” de la policía – cuando dicho delincuente y el subinspector no se conocían de nada-; y, por otro lado, un encuentro de dicho subinspector imputado con otros de los acusados, en el marco de un encuentro programado con quienes entonces eran sus informantes. “El subinspector procedió bajo lo establecido en estas circunstancias” ha sentenciado el testigo.

Declaración que se suma a las denuncias de las defensas que aseguran que la DAI sólo incorporó en la causa aquellas conversaciones que beneficiaban su hipótesis, desechando otras que favorecían directamente a los acusados o contextualizaban las que sí que se añadieron.

Un agente ejemplar

Otro de los testigos, un caporal de la unidad de homicidios de la Región Policial Metropolitana Sur ha asegurado que era sabido que el subinspector, por su trayectoria profesional, tenía trato con informantes de la zona de Castelldefels. Por eso, tras un homicidio en dicha localidad esta sección y, en concreto este agente, contactó con el ahora imputado para saber si podía averiguar algo más sobre el crimen. No era la primera vez que el subinspector colaboraba de forma eficiente con un investigación al margen de sus quehaceres profesionales dada su ‘mano izquierda’ con los confidentes, normalmente muy vinculados con el mundo criminal.

Todos los testigos han coincidido que el subinspector era un agente ejemplar, que nunca jamás había tenido problema alguna en el marco de su actividad laboral. Más bien, todo lo contrario.

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