Caín y Abel, los Mossos d’Esquadra y la Guardia Civil, Trapero y Daniel Baena

Luis Artigue escritor

Un guardia civil de alto rango era aquel que, al fijarse en un sospechoso recién interrogado, le parecía un tipo de pose atormentada; un guardia civil raso era aquel que, al fijarse en un sospechoso recién interrogado, no le parecía un tipo de pose atormentada sino uno con una costilla rota.

Me refiero a que, en las novelas negras castizas concebidas a la manera clásica (no las de Lorenzo Silva donde los picoletos de Getafe parecen nada menos que Holmes y Watson, sino ésas otras escritas por verdaderos buceadores de la oscuridad o ciudadanos a la deriva que, mediante personajes realistas tan potentes como amargos, conectan con lectores que algo tienen dentro de sí mismos de gente a la deriva), el guardia civil de pro respondía a un tópico: era el laxante de la ley; un tipo chusco de masculinidad saturada, uno con la inteligencia justa para pasar el día, pero con mucha malicia y curtida habilidad para la supervivencia en el filo mismo de la legalidad y con testículos del ancho de la espalda (de hecho, mientras trabajaba tomando atajos y con más picaresca que épica, el lector vislumbraba siempre que el guardia civil de novela aspiraba a jubilarse un día para ser, por fin, el tipo al que los cubatas de Dyc-cola le sirven para anestesiar provisionalmente su vejez y su soledad)…

Pero esa leyenda negra de la guardia civil no tiene nada que ver con lo que era y es ese hombre formado y de maneras protocolarias, barba luciferina, rostro ovalado y carmesí, y desde luego todo él con la pulsión de mandar dentro: el teniente coronel Daniel Baena, jefe de la policía judicial de la guardia civil de Cataluña…

Se trata, qué curioso es todo, de un oficial muy condecorado por los Mossos de Esquadra, el instructor de numerosas causas judicial-policiales en Barcelona, que hasta ha ejercido desde hace no poco como profesor de la Escuela de Policía de Catalunya (dio clase a numerosos Mossos d´Esquadra, de hecho).

Y eso es lo que fascinó a ese otro hombre con semejante pulsión de mandar, su colega y amigo, el elocuente jefe de los Mossos d´Esquadra Josep Lluís Trapero (sí, José Luis el de los Traperos de Valladolid de toda la vida, pues, como es sabido, aunque los políticos se dediquen casi en exclusiva a adaptar la verdad a sus necesidades, es innegable que las Españas están llenas de trasvases de gentes, y no tanto de ríos).

Así las cosas, el Mosso d´Esquadra Trapero en efecto veía en él, en el guardia civil Baena, a un pionero, a un visionario, a un oficial de la guardia civil renovador por sabedor de que eso de cumplir y hacer cumplir la ley es, antes que algo coercitivo, algo filosófico, psicológico y hasta poético por repleto de sutilezas, sí señor.

La amistad siguió su curso y los ríos su cauce. Pasaron los años como unos puntos suspensivos…

Pero un día las ganas de mandar pueden más que la pulsión de amistad (yo quiero mandar más que tú y que el cuerpo en el que sirvo a la ley mande más que el cuerpo en el que tú sirves a la ley), y la amistad se rompe (no quiero volver a verte ni en pintura porque tú eres un nacionalista español en twitter y en la vida real… pues yo no quiero volver a verte ni en pintura a ti porque tú eres un independentista catalán de tomo y lomo que finge la fe constitucionalista) por un conflicto de soberanía, de la pulsión de mandar, disfrazado de conflicto de identidades.

Luego vino el 1-O y Baena y Trapero estaban en el mismo bando, el de la ley. Pero su pulsión de mandar a cada uno le hizo ver que el otro era distinto al otro, y que estaban en bandos opuestos. Y cuando la realidad les sobrevino, y Trapero se dio cuenta de que él y Baena eran lo mismo y estaban en la misma trinchera, y se lo dijo, y lo puso en práctica, Baena ya no se creyó su españolismo.

De hecho Baena, a la vez que firmó los informes que resultaron decisivos para imputar por rebelión y sedición a los políticos y activistas presos o evadidos, informó también contra Trapero (por eso Trapero ahora está encausado y se siente traicionado por su viejo amigo al que considera el Caín de la guardia civil).

La historia cainita de vieja amistad entre Baena y Trapero es la misma historia cainita de vieja amistad entre España y Cataluña, y de hecho tiene muy parecidos componentes… ¡Pero es una historia que aún no ha acabado!

¿Qué va a pasar ahora entre España y Cataluña?

Para saberlo han de escuchar este martes la declaración, en el juicio del procés, del teniente coronel de la guardia civil Daniel Baena, y atender que dice sobre su viejo amigo el Mosso de Escuadra Josep Lluís Trapero de los Traperos de Valladolid de toda la vida.

Qué sin vivir. Nos tienen en ascuas…

Chis pum.

2 Comentarios

  1. Excelente aportación, conocimiento y precisión, sin excesos literarios.

    Es una delicia leer información, sin azúcar ni sacarina.

    Salú2

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