Barcelona: el destino y la condena de los fugitivos

Tras el Grupo de Fugitivos de la Policía Nacional en Barcelona existe un equipo humano de 8 agentes dedicados en cuerpo y alma a dar caza a estos delincuentes prófugos. La vocación, disponibilidad y capacidad de adaptación son las principales características de los agentes que han conseguido los mejores resultados estatales en cuanto a la detención de fugitivos.

Barcelona: el destino y la condena de los fugitivos
El Grupo de Fugitivos de la Policía en Barcelona ha conseguido los mejores resultados estatales en cuanto a la detención de fugitivos / El Taquígrafo

El movimiento constante de turistas, la situación geográfica y el nivel de vida, explica Carlos Gil, Inspector Jefe del Grupo de Fugitivos del Cuerpo Nacional de Policía en Barcelona, son los principales motivos por los que prófugos de la justicia internacionales llegan a España. Con la voluntad de pasar desapercibidos y, si puede ser, retomando sus negocios ilícitos en una clandestinidad llena de lujos, 266 fugitivos fueron detenidos en nuestro país en 2019. De todos ellos, 63 fueron arrestados por el Grupo que dirige Carlos Gil, otros 35 fueron arrestados gracias al trabajo de este equipo humano de policías y 28 se dieron como negativos. De ese año todavía arrastran 10 casos, que siguen en marcha. 

El Inspector Jefe, que se incorporó al grupo en 2018, coincidiendo con el auge de las Órdenes Europeas de Detención (OED) asegura a preguntas de eltaquigrafo.com que sus resultados de éxito se han convertido en un referente para otros grupos de la misma especialidad en España y Europa. Gil intenta repartir los casos nuevos que van entrando en función de las características del fugitivo y las habilidades de sus agentes. Actualmente, cada agente de su unidad investiga entre seis o siete casos. Con un número superior de casos resueltos, sin embargo, el Grupo de Gil todavía tiene entre ceja y ceja un total de 36 fugitivos desde 2018. Casos que se suman a los nuevos y que siguen en marcha dada la complejidad que los envuelve, los recursos que utilizan “los malos” para esconderse y los numerosos contactos que los amparan y protegen. 

Absoluta disponibilidad y vocación

Tras sus pasos los siguen, muy de cerca, el grupo de Fugitivos de Barcelona. Formado por tan solo 8 agentes, aglutina entre sus miembros a investigadores con más de veinte años de servicio a sus espaldas. La mayoría han pasado por la Judicial o por la Unidad de Droga y Crimen Organizado, aunque los hay incluso que han servido a la Casa Real. Independientemente de su experiencia, lo que todos tienen en común, resalta el inspector, es que “detrás del grupo de fugitivos hay policías, personas”, que dedican la mayor parte de su tiempo y sus esfuerzos a dar caza a los prófugos de la justicia, anteponiéndolo incluso a su vida privada. De hecho, entre las características que deben reunir se encuentra una disponibilidad prácticamente absoluta, a cualquier hora y cualquier día de la semana, porque los fugitivos no se mueven en horario de oficina. 

Si algo debe caracterizar a uno de sus miembros, resalta Gil, es la paciencia infinita. “El peor sesgo de un investigador es, cuando tienes tantas ganas de coger a alguien, obsesionarte con él”. A veces, cuenta el inspector con sarcasmo, se han pasado hasta diez días vigilando desde un tejado al sol a un fugitivo que estaba enclaustrado. Excelentes fisonomistas, pacientes, con capacidad de adaptación y en continuo aprendizaje. Así es el equipo de éxito que dirige Carlos Gil. 

Por sorpresa, por despiste o por egocentrismo

Para ejemplificar la vocación y la disponibilidad absoluta de los agentes, Gil, explica un par de casos muy ilustradores. En uno de ellos, uno de sus agentes se encontraba en Granada de vacaciones con la familia. El policía hacía meses que iba tras la búsqueda de un fugitivo polaco de 38 años, reclamado por tráfico de drogas y pertenencia a organización criminal en su país. La sorpresa del agente llegó cuando, de paseo por un centro comercial de la ciudad andaluza, reconoció al fugitivo en el mismo establecimiento. Pronto se identificó ante los agentes de seguridad privada y dirigió un operativo muy arriesgado para arrestar al delincuente antes de que se escapara delante de sus narices. El operativo fue un éxito y se procedió a la detención del fugitivo a 856 kilómetros del punto de partida (Barcelona). 

A veces un solo segundo de fortuna, para los agentes, puede decidir la resolución de un caso. Un solo paso en falso del fugitivo puede ser decisivo para su captura. Esto es lo que sucedió durante la pandemia a uno de los prófugos que, aún habiendo tomado todas las precauciones para no ser descubierto, eligió unos guantes de látex lo suficientemente finos como para que uno de los agentes atisbase, a través de una cámara de seguridad, uno de sus tatuajes más característicos. Un diamante. 

Si hay algo que suele hacer “saltar la liebre”, según el inspector, suele ser la visita de novias y esposas. “Todos tenemos las necesidades que tenemos”, explica Gil. Los acontecimientos que se desencadenan a raíz de estos encuentros, o desencuentros, son muchas veces la clave para la resolución de casos como el del fugitivo que no pudo digerir su ruptura sentimental. Tras semanas siguiéndolo como su sombra, explica Carlos Gil, el prófugo cometió un grave error. Para enmascarar su ego herido, tuvo la “brillante” idea de fotografiarse en una conocida discoteca de Barcelona y subirlo a las redes sociales. Esa fue su última noche en libertad. 

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