Arturo, el rey Arturo. ¡Arturo de Bretaña!

Artur, como el rey británico, ya es mito e inmortal, y aunque lo intenten abatir, como el ave Fénix renace de sus propias cenizas.

lluis carrasco llovet

He aquí un personaje excelso que divaga entre la realidad y la ficción. Entre la historia y la literatura. Entre la verdad y la mentira…

Y uno, al oír su nombre, «Arthur», en su lengua vernácula, por analogismo, influencia y similitudes estéticas no puede evitar viajar hasta el presente catalán y fijar su mirada en el gran Artur Mas de Catalunya, el último gran rey.

Nunca arrancó, de una piedra, la excelsa espada divina.

Nunca contó con consejeros como el gran Merlín ni la pérfida Morgana.

Nunca contó sus gestas, todas ellas, como sonadas victorias, y es que, temido por sus oponentes y sufrido por las huestes de Castilla, sus enemigos establecían extrañas alianzas para evitar su reinado y verlo brillar, hidalgo, en los insignes balconajes de la más antigua institución del viejo continente: la Generalitat de Catalunya.

Pero Artur, como el rey británico, ya es mito e inmortal, y aunque lo intenten abatir, como el ave Fénix renace de sus propias cenizas.

Centrándonos y fijándonos en nuestra historia contemporánea, Artur Mas ha sido muy injustamente tratado y, curiosamente, le rinden mayor admiración y tributo los que lo han sufrido que sus propios compatriotas.

Por extrañas circunstancias de un mundo paralelo llamado «redes sociales», el bueno de Artur Mas cuenta con poca simpatía de su parroquia, y resulta chocante ver la animadversión y rechazo de una parte muy significativa del votante independentista.

¿El motivo? Nadie lo sabe. Un enigma tan bien guardado como el paradero del castillo de Camelot. Sea como fuere, el presente está siendo cruel y amnésico con la figura del político catalán.

Hoy, el independentismo es mayoritario en Catalunya, y esa realidad es posible gracias a un solo hombre, Artur Mas, un líder que contra viento y marea, y ante los ojos atónitos de media Hispania, se embarcó en 2012 por la presión e insistencia popular en la nave soberanista, y que, con el cambio de rumbo de la ya extinta Convergència i Unió, dinamitó los equilibrios internos del país y hasta hizo temblar  la sacrosanta unidad nacional.

¿Qué nos deparará el futuro?

Uno ya no se atreve a realizar cábalas en torno al personaje, pero que nadie se engañe, aunque han intentado acabar con él política y patrimonialmente, Artur Mas sigue vivo.

Y cuando veo de nuevo esa regia sonrisa pasear por los platós de media España, lo confieso: Sé que algo gordo se avecina… 

Ni lo duden.

2 Comentarios

  1. No coincido demasiado con este articulista pero es un placer leer la creatividad con la que escribe.
    Sobre Mas, no creo que “le dejen” volver

  2. Realmente Mas es y se comporta como un monarca.
    Sigo a Carrasco en las redes. Es uno de los imprescindibles si comulgas con sus ideas ya que jamás falta el respeto y es en cambio firme y sarcástico en sus exposiciones.
    Sobre Mas?
    Mas es pasado, y aunque quiera volver al ruedo, no se yo si Puigdemont dejará que vuelva a acaparar la atención del votante catalán, y esa sonrisa por los platós debe molestar a más de uno (entre los suyos)
    Bien por el Taquígrafo y por Quílez!

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