Armando Manzanero: el amor en los tiempos del coronavirus

Armando Manzanero, Gustavo Adolfo Bécquer de los boleros a piano y medio llanto, genial cronista lírico del mundo, poeta de la experiencia, el fundador de la poesía de la otra sentimentalidad, ha muerto no de amor sino de peste en el año de la peste

Armando Manzanedo: el amor en los tiempos del coronavirus

-¿Joaquín Pérez Azaústre?
-Al habla
-Hola, hermano, llamo para felicitarte el año.
-Ea, a por él vamos. Y contentos de dejar atrás este otro año con tanta peste y tanta muerte que se ha llevao por delante hasta a Armando Manzanero…

Verdaderamente en México DF, su pueblo y el mío, se nos ha muerto como del rayo Armando Manzanero, poeta al piano como Federico García Lorca, escritor de boleros animosos como el Pedro Salinas de La voz a ti debida. Y, como tengo un corazón nostalgioso de peluquera de provincias, un corazón de bolero inmotivado, a mí me ha venido la nostalgia a desabrigarme por dentro esta alma mía que, de tanta precaución por el coronavirus y las crisis económicas y los desengaños políticos, ya no está para guerras ni paces.

Recuerdo que estaba yo ebrio de literatura en una ciudad de pan y hojalata feliz, y, para oxigenarme un poco el costumbrismo, vine soñando con la Gauche-Divine a quedar contigo en Barcelona, que es una salida digna desde el campo hacia el cielo. Y recuerdo que aún la Gauche-Divine no era un sueño mío sino tuyo o a la bicerveza; uno que invadía las respectivas aguas jurisdiccionales… Tú llevabas un abrigo de los de subida de sueldo y ola de frío que, al entrar en la coctelería Boadas, en la que habíamos quedado con el que ambos consideramos nuestro maestro de los maestros, Salvador Clotas, un dandi tan expecador como impecable cuya elegancia es sobre todo interior y cuyo magisterio es largo y lento como un blues, dejaste sobre una barandilla el abrigo como si fuera otro yo.

-Por favor, tres dry-martinys.
-¿Sabéis que Jaime Gil venía mucho a este local y nos sentábamos aquí?

Armando Manzanero, Gustavo Adolfo Bécquer de los boleros a piano y medio llanto, genial cronista lírico del mundo, poeta de la experiencia, el fundador de la poesía de la otra sentimentalidad según Jaime Gil de Biedma, él, el prescriptor de soluciones habitacionales líricas para gente con emociones sin grandes complicaciones de novela rusa, ha muerto no de amor sino de peste en el año de la peste: he ahí una de esas metáforas que producen lo que dicen describir, de las que que tanto nos gustan, en esta sección semanal de crónica humorística desenfadada y sin pretensiones, tanto al gran Farruqo como a un servidor.

Se ha muerto un poeta pero no de hambre y con las pisadas de su cadáver dando tumbos (como corresponde a los poetas auténticos desde el Romanticismo a no ser que se metan a políticos o columnistas de prensa –valga la redundancia-), sino que se ha muerto del virus chino, que diría el sátiro de twitter Donald Trump.

Y esto, la muerte de un verdadero poeta inmortal, me ha hecho pensar con nostalgia no en mi vida pasada, sino en la vida pasada que no vivimos tú y yo más que en el grato traidor del sueño literario, en los libros y en las conversaciones con nuestro maestro…

Entonces, en aquella ciudad-mundo que era la Barcelona de la generación dandi de la Gauche Divine, en la discoteca Bocaccio tuvieron lugar cosas que tú y yo no vivimos pero que tanto recordamos…

Allí, en la parte de arriba de la discoteca Bocaccio, que era algo parecido a un ateneo juvenil, europeo y noctámbulamente intelectual, Jaime Gil de Biedma le contó por extenso a nuestro maestro y amigo Salvador Clotas eso de que uno de los mejores versos del siglo XX en español es el de Armando Manzanero de Esta tarde vi llover/ vi gente correr/ y no estabas tú…

Ese “vi gente correr” para Jaime –dice Salvador Clotas mientras un brillo de nostalgia le ilumina el rostro-, era un verso poderoso de poeta fundacional. ¡Todo un hallazgo!

Salvador Clotas, y Jaime Gil de Biedma a través de él, nos han enseñado a amar el piano del pobre, esa suerte de organillo aprendiz e insuficiente, del compositor de poemas de la experiencia Armando Manzanero. Y, por eso, nos ha preparado para saber llorarlo.

Por culpa del coronavirus capitalista, pragmático y sin ninguna gracia podrá no haber poetas pero siempre habrá poesía y siempre habrá humor, pues, mal que le pese a quien le pese, emocionarse y reírse son las dos monedas humanas que más brillan a la luz de la luna.

Y la poesía y el humor, ya se sabe, son los dos componentes u osadías retóricas del alma que seguirán nutriendo este reducto periodístico semanal que Artigue&Farruqo, guerrilleros siameses, seguimos manteniendo en pie como un velero un año más en EL TAQUIGRAFO…

Señoras y señores, niños y niñas, peces y pájaros: feliz Año.

Maestro Armando Manzanero: gratitud y buen viaje de vuelta.

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