¡Apretad, apretad!

Ricardo Gómez de Olarte

En España nos quejamos de vicio. Además de la comida, tenemos espectáculo cada semana. De hecho, me empiezo a hartar de este show business donde solo ganan unos payasos a los que encima votamos y pagamos muy bien. La función del circo de finales de septiembre se refiere a la detención de siete miembros de los autodenominados CDR, rama ERT. Fiscalía ha venido sosteniendo que por “su presunta participación en los delitos de pertenencia a organización terrorista, fabricación y tenencia de explosivos y conspiración para causar estragos con la finalidad de subvertir el orden constitucional y alterar gravemente la paz pública”. Los motivos del Magistrado de la Audiencia Nacional para dictar prisión incondicional sin fianza han sido delitos de pertenencia a organización terrorista, tenencia de explosivos con fines terroristas y conspiración para la comisión de estragos. Su Señoría no ha asumido todas las tesis de Fiscalía.

El Juzgado Central de Instrucción de la Audiencia Nacional ha venido tutelando la investigación durante un año. Seguimientos, grabaciones, intervenciones telefónicas, etc… Es decir, con las máximas garantías procesales de nuestro sistema jurídico.

El titular del Juzgado Central de Instrucción nº 6 es el mismo que mandó a prisión al que fuera comisario Villarejo, entre otros motivos por la tropelías cometidas en el caso Pujol y la Operación Cataluña. Así que, precisamente, no es sospechoso de animadversión contra Cataluña. Con Villarejo no se ha escuchado ni una sola voz política en contra de la decisión de García Castellón.

Los delitos de pertenencia a organización terrorista, tenencia de explosivos con fines terroristas y conspiración para la comisión de estragos por los que se ha dictado la prisión son delitos graves, muy graves. No se ha cometido ningún atentado. Afortunadamente, no ha habido daños ni víctimas aunque algunos clamen por la necesidad de sangre y vísceras para poder preguntar amablemente si alguien sabe algo. Pero, “¡ay mísero de mí, ay infelice!” dos de esos detenidos han confirmado al Magistrado García Castellón que adquirieron explosivos y los llegaron a probar. Uno de los detenidos afirmó que utilizó una cantera para ver la magnitud de las explosiones.Y que eran un grupo organizado y jerarquizado. De siete, se han derrotado dos al primer tiento. Ni los presuntos terroristas de aquí saben estar a la altura. Es lo de siempre, toreo de salón. Pero claro, alguien habrá avisado a los lilas que solo la tenencia de explosivos está castigada con la pena de entre 4 y 8 años de cárcel.

Sigamos con los fríos hechos. El Magistrado detalla cada caso aisladamente y en su conjunto. Es decir, su auto es minucioso, fruto de una investigación en la que el Juez se ha involucrado directamente. Su decisión de prisión no es baladí. Y la investigación sigue bajo secreto del sumario.

Más hechos: sin esperar a que se levante dicho secreto del sumario, incluso sin haber conocido la decisión de prisión, hemos tenido que oír animaladas como “cualquier independentista es un terrorista”. Pero también hemos tenido que leer manifestaciones como que los encarcelados son pobres activistas pacíficos, tranquilos ciudadanos que no han hecho nada; que son unos perseguidos, etc…

Pero vamos a ver, pandilla de tarados (todos): ¿no clamáis por la independencia judicial? pues dejad trabajad a los jueces. ¿No exigís respeto al trabajo judicial? Pues esperad a que su labor termine. ¿No porfiáis porque los jueces no interfieran en política? Pues no es metáis en leyes sin saberlas, sin ni tan siquiera haber ejercido nunca como abogados. ¿No es quejáis que los jueces no pueden interferir en política? Pues no interfiráis en justicia.

No todo vale en esta campaña electoral permanente en la que vivimos. No se puede ser la máxima autoridad del estado español en Cataluña (sí, efectivamente esa persona es el President de la Generalitat) y alentar a grupos radicales un día sí y otro también, pretendiendo que la sociedad sobre la que se gobierna no se crispe. La falta de tacto (por ser generosamente respetuoso con Chis Torra) con su “apretad, apretad” se le vuelve en contra como el mantra de los derviches giróvagos que los hipnotiza y les permite aislarse del mundo para girar siempre sobre sí mismos durante horas.

No es de recibo forzar la mayoría parlamentaria para pedir absurdos de patio de colegio: “Señoritaaaaaa, que el conserje me ha castigado por ser malo. Vd. debe expulsar al conserje por castigarme”. Además de pueril es patético. Como empecinarse en el “sostenella e no enmedalla” con la turra de los presos políticos. Que estarán en su derecho a hacerlo, por supuesto. Pero pierden toda credibilidad si cargan contra los jueces. Los mismos jueces a los que exigieron que condenaran a los que ocuparon el Parlament de Cataluña en 2011.

O es que nadie se acuerda de que el Parlament pidió tres años de cárcel para 20 de los manifestantes que participaron en el asedio al considerar que cometieron un delito contra las instituciones del Estado impidiendo la entrada de parlamentarios. La Generalitat pidió la misma pena para cuatro de ellos. Ambas instituciones, que actuaron como acusación particular, consideraban que los acusados retrasaron la entrada de los diputados y obligaron a modificar el orden del día, pese a que finalmente pudieron acceder y se pudo celebrar el pleno previsto.

O es que nadie se acuerda de Fiscalía, el Gobierno de CiU y la Cámara recurrieron el fallo absolutorio de la Audiencia Nacional y en marzo de 2015 el Supremo anuló la sentencia y condenó a ocho de ellos a tres años de cárcel por un delito contra las instituciones del Estado. ¿Esos no eran pacíficos activistas que se manifestaban mostrando su legítimo descontento contra la Generalitat? Al menos aquellos no tenían explosivos ni querían atentar contra policías, torres de alta tensión y el propio Parlament de Cataluña. Los de ahora sí. Los de ahora lo han reconocido y ni así se respeta el secreto del sumario ni la labor judicial. Y los del otro lado, equiparan cualquier independentismo con terrorismo.

La sensación de impunidad que flota en la sociedad española, la catalana incluida, está debilitando la confianza no solo en los políticos, sino en las propias instituciones, que se han convertido en rehenes inertes de unos miserables a los que nosotros mismos votamos.

A ver qué dice Cocomocho, a través de su abogado y antiguo terrorista o a través de la Verdulera Mayor del Régimen. La capacidad de ese sector indepe para soltar burradas es equiparable al sector más carpetovetónico de la época Aznar: Acebes, Álvarez-Cascos, etc… O al Rufián de su primera etapa (por cierto, muy elocuente su silencio al respecto, tanto como el de Iglesias).

Qué difícil se está haciendo vivir en esta parte de España, pero qué difícil. Qué cansino, qué pueril y qué zafio. Estoy a un euromillón de irme a vivir a Suiza.

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