Andorra: Estado Secreto

Estos tipos que buscan en Andorra la residencia lo hacen para ahorrarse un dinero que deberían de ceder a las arcas de todos, incluidos y especialmente, para aquellos que no tienen posibles pero sí derecho a una cobertura social digna

Andorra: Estado Secreto
El Consell General, sede del parlamento de Andorra

El pasado lunes día 18, en el marco del programa “No ho sé” de RAC1 que dirige Agnès Marqués y en el que colaboro desde hace 4 años, realicé unas declaraciones  que, sacadas de contexto por algunos y convenientemente retorcidas con manifiesta mala intención, parecen un menosprecio indecoroso contra Andorra y los andorranos. Nada más lejos de mi intención. A los que les hayan molestado sirvan estas líneas para pedirles perdón. 

En el marco de la tertulia radiofónica con prestigiosos expertos sobre la huida de millonarios youtubers a Andorra para residir allí y así tributar menos, dije que ese tipo de gente, (incluyo a motoristas famosos, tenistas, cantantes de ópera y un largo etc. de contribuyentes españoles huidizos), me parecen gentes despreciables. Me parecen, dije, insolidarios y, añado, moralmente detestables.  

Ser solidarios

Dije que estos tipos que buscan en Andorra la residencia para pagar menos lo hacen para ahorrarse un dinero que deberían de ceder, en tanto que tributos, al Estado español, a las arcas de todos, incluidos y especialmente para aquellos que no tienen posibles pero sí derecho a una cobertura social digna.

La ley les obliga a vivir en Andorra, dije, 180 días al año y, en esa línea argumental, añadí que Andorra era un “gueto” entre paredes y que allí hacía un “frío que pela”. Traté de decir, como se ve con torpeza y evidente mal tino, que Andorra puede ser muy entrañable y bello y avanzado, pero además es cómodo para algunas personas que me parecen simplemente insolidarias.

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Sentido perdón

Esta es mi percepción que en absoluto pretende ser una falta de respeto hacia la sociedad andorrana y sus gentes (entre las que no quiero incluir a su clase política), esas que dan verdadero sentido y altura al país y que nada tienen que ver con la insolidaridad de otros.

El atractivo, en el fondo y en la forma, de este pequeño país es de todos conocido. Sin ir más lejos mi jefe, Alfonso Arús, lo detallaba hace muy poco en su programa de televisión. Arús destacó la seguridad del país, y glosó, por ejemplo, la calidad de su sanidad o la de su educación. La morfología orográfica de Andorra hace de él un país complejo (a la vez de que una belleza indudable), pero su calidad de vida está fuera de todo debate.

Cara y cruz

Pero Andorra, como todos los países, tiene su reverso: un salario mínimo insuficiente en comparación con la carestía de la vivienda en aquel país (lo que ha provocado no pocas protestas públicas) o, por poner otro ejemplo, una inexistente ley del aborto, una circunstancia anómala en el contexto del derecho comparado europeo vinculada, sin duda, con el hecho de que el co-jefe del Estado sea un obispo. Esta es una de sus singularidades. Otra de ellas la paso a relatar casi a modo de anécdota:

Un magistrado francés amigo, y destinado durante años en Andorra, me dijo que para su estupefacción (y la mía), cuando hace solo 15 años le tomó declaración al primero de los detenidos que la policía puso a su disposición y le preguntó nombre, fecha de nacimiento y oficio el tipo, tan pancho, les respondió: contrabandista. Evidentemente eso ahora sería imposible, pero sigue resultando posible que españoles huidizos e insolidarios se aprovechen de la coyuntura impositiva andorrana para dejarnos a los demás con menor cobertura de servicios públicos.

Hace poco compartí mesa y charla con ese magistrado y me dijo que aún a día de hoy hay gente que cultiva tabaco para luego cosecharlo y quemarlo en hogueras, no sin antes haber cobrado de la tabacalera como si en realidad se lo hubieran vendido. En fin, que en todos los lugares cuecen habas. 

Gentes, y no políticos

Como digo, es la gente, los ciudadanos, los que hacen el país y no su clase política, pero me da a mí que en Andorra, como en España, prevalecen los políticos conjurados en hacer ver que todo cambia para que nada cambie. En este sentido me parece llamativo que cuatro familias, algunas emparentadas, otras enfrentadas y todas enmarañadas, marquen el pálpito de un país. Juan José Millas decía que “a veces nos resistimos a lanzar a la basura unas zapatillas viejas porque aunque agujereadas y mugrientas, nos resultan cómodas”. 

Yo, como mi maestro y amigo Iñaki Gabilondo, llevo mejor las muestras de odio que los halagos. Eso sí, intento que ni unas ni otras me amedrenten. No me cuesta pedir disculpas ante las ofensas que mi torpe y escaso aliño intelectual hayan podido provocar. No, Andorra no es un gueto. Pero si un lugar singular. 

Aprovecho el presente artículo para comunicarles que estoy muy ilusionado trabajando en un libro que titularé “Andorra: Estado Secreto”. En ese trabajo literario-periodístico espero demostrar (ese es el reto) que esas teorías que algunos desde posiciones militantes califican como de conspiratorias, no lo son simplemente porque lo que parece una novela puede ser la realidad.

“Andorra: Estado Secreto”… ¿A quién agradará? ¿A quién escocerá? Pues no lo sé, ni me preocupa. Solo sé que me lo estoy pasando de miedo mientras lo escribo porque, como digo, supone todo un reto, especialmente porque las alfombras que tapan el polvo de lo innombrable en Andorra son más gruesas que en España (sea esto dicho con el mayor de mis respetos). 

5 Comentarios

  1. Los Negacionistas de Corneta siguen marcando, persiguiendo y señalando a personas como el Rubius que están hartos de que los saqueen y mientras estos señaladores manporreros miran para otro lado con los que tienen empresas pantalla, Sicav y demás parafernalia legal para pagar lo mínimo.
    Cualquier persona que por su cuenta pueda buscarse la vida por redes, teletrabajando para si mismo hace bien en salir corriendo de este infierno Fiscal

  2. Me gustaría saber si de estados como Irlanda, Luxemburgo, SanMarino, etc opináis lo mismo o por el contrario solo atacáis al estado pequeño y menos influyente. Tendríais que recordar que también tenéis mucha fuga hacia esos países más prospero y con menor presión fiscal.

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