África: Un viaje intelectual por las perlas del Magreb

La herencia morisca está tan presente en nuestra cultura como lo está esa idea absurda y peregrina que reniega de nuestro origen africano. Todos los pueblos son nómadas y todas las personas pertenecemos al mundo

África: Un viaje intelectual por las perlas del Magreb
Chaquen al atardecer

La primera imagen que se me presenta cuando rememoro la ciudad de Tetuán es una foto de mi abuelo Paco haciendo el servicio militar allá por el año III antes de Cristo. Su imagen jovial junto a sus compañeros de escuadrón difiere mucho de los perfiles escuálidos y churretosos con los que se muestran en la instantánea.

La alegría de la juventud. Poco después de este momento, estallaba la Guerra Civil Española (1936 -1939) y mi abuelo tuvo que dejar el fusil para cuadrarse ante un hombre que lo amedrentaría más que el dictador que llevaba su nombre. Pero, esa es otra historia que les contaré en otro momento para hablarles de otro lugar…

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foto del abuelo Paco durante el servicio militar en Tetuán

Ciudad de todos los misterios

Tetuán es conocida con el sobrenombre de “la paloma blanca”. Como en todas las ciudades que confluyen en las costas del Magreb, su principal atractivo es el contraste de colores y olores, las calles estrechas abarrotadas de objetos exóticos y la amabilidad intencionada de su población. Tetuán rezuma arte por cada poro de su historia.

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la ciudad de Tetuán

Geógrafos, científicos, eruditos, literatos o simples interesados que visitaron el enclave en diferentes épocas dejaron su impronta en forma de texto, crónica o poema. Todos ellos aportaron diferentes y valiosos datos históricos del desarrollo de la ciudad y con sus testimonios nos ayudaron a establecer, con relativa precisión, la evolución de uno de los pueblos más valiosos de la costa marroquí.

La ex embajadora de la Unesco por Marruecos, Aziza Benani (1943), recopiló varias historias autobiográficas para publicarlas en un libro mágico que acerca al lector a la parte más desconocida de la ciudad. Tetuán: ciudad de todos los misterios (1992) es una agradable lectura que desemboca en callejuelas exentas de turistas y relatos de militares enamorados del halo de sus perfumes. La diversidad siempre ha sido la mejor opción.

La mujer, protagonista del desierto

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Aziza Benani es el claro ejemplo de la lucha por la emancipación de la mujer marroquí. Su templanza me recuerda a la de la empresaria y escritora, Latifa Juini. Si les tienta buscar referencias sobre ella, no lo hagan. Latifa es una ama de casa tunecina que, con su empeño y tesón, estudió la secundaria en Marruecos, montó su propia empresa ganadera con las ayudas de los microcréditos que ofreció el gobierno y escribió un libro de recetas de cocina que preside la sala de estar de su casa como el cuadro del Rey las aulas escolares de los 80.

Actualmente es una madre que presume de tener dos hijos universitarios y una mujer empoderada que puede observar el destello de orgullo que desprenden los ojos de su marido cuando la mira a escondidas. Marruecos observa de reojo como pasa la vida.

Las oquedades de Tetuán

Tetuán fue tan importante para la Península Ibérica que no encontrarán un municipio español que no aloje una Plaza brindada a esta ciudad. Si hurgamos en el tiempo encontraremos un pueblo multilingüe, respetuoso y doblegado que, durante el tiempo que duró el Protectorado español (1912 – 1956), convivió con los españoles intentando adaptar el estilo de vida musulmán sin perder la esencia de su cultura.

Esta situación, que derivaba en constantes tensiones domésticas (los españolitos, siempre tan altivos con sus ascendencias árabes), está perfectamente narrada por el escritor marroquí Mohamed Bouisse Rekab (1948) en su libro, Las inocentes oquedades de Tetuán (2012).

El texto, que aunque ficcionado es fiel a la historia existente, consigue relatar la simpatía que nació entre marroquís y españoles en un momento de intensa incertidumbre política: La lucha por la independencia de Marruecos.

Tetuán es un juego entre pasado y presente donde es imposible desembarazarse del encanto que la envuelve al mismo tiempo que se sufre por las anquilosas tradiciones religiosas y machistas con las que sus habitantes conviven. Eso sí, cuando viajen (independientemente de cual sea el destino) eviten hacerlo con prejuicios. Si saben entenderlo, Marruecos es mucho más que devoción.

De camino a Tánger hay tiempo de enamorarse

Chaouen tiene los ojos azules y es tan bonita que el brillo de su mirada se pega a la suela de los zapatos del transeúnte inquieto (maldita sensación esa que te ancla a un lugar sin posibilidad de salir de él). He llegado a pensar que, cuando el viajero atraviesa las montañas y se adentra en el municipio, un halo mágico lo cautiva en forma de brebaje prodigioso evitando que pueda visitar otro pueblo con la misma veneración.

Una preciosa imagen de Chaquoen

Solo estamos de paso, pero sus calles nos regalan el olor de las azucenas y el polvo de sus alfombras cuando son sacudidas a primera hora de la mañana. Un sabroso tajín de verduras romperá el día antes de pensar en abandonarla. El corazón se despide con pena, ahora comprendo a todos aquellos expedicionarios que, de turistas, se convirtieron en poetas.

Tánger, la puerta de África

Las múltiples caras de Tánger la convierten en una ciudad mítica plagada de contrastes. Ubicada a las puertas del Mediterráneo, la ciudad fue enclave estratégico desde la antigüedad y punto de encuentro de las culturas árabes, cristiana y judía, ejerciendo una atracción pasmosa hacia el viajero y una oportunidad única para el buscador.

Tánger de noche

Dentro de su contexto histórico actual, Tánger ha sido refugio de aventureros y espías cuando, al estallar la Segunda Mundial, se convirtió en uno de los centros de negocios más importante del momento. Bohemia, exótica y legendaria, la ciudad es el escenario perfecto para dejar volar la imaginación y aterrizar en la fantasía pictórica, literaria y cinematográfica que enmaraña sus edificios, todos ellos repletos de siglos de historia y sabor.

Tánger entre costuras

María Dueñas

El sonido de los tambores se funde con el de los platillos en un sonido que incita al trance. Las mujeres alzan la lengua y la chasquean contra el palada revocando un grito continuado e intermitente difícil de imitar si no llevas el ritmo en las venas. El conjunto del espectáculo es una invitación para disfrutar de su cultura musical, que es la banda sonora de cientos de historias contadas a media luz con un té burbujeante entre las manos.

Una de estas historias, quizá la más famosa y reciente que recuerda nuestra literatura, es la que recrea María Dueñas (1964) en su libro El tiempo entre costuras (2009). Para los representantes estatales, tener el control del Tánger era disponer de todo el país marroquí y mantener la estabilidad política a pesar de los conflictos gubernamentales era un trabajo que se acometía a golpe de espía. De esto sabe muy bien la protagonista de la novela, Sira Quiroga, que, entre chilabas y alfileres, nos descubre una sociedad llena de oscuros secretos.

Esa vieja dama

Tánger se puso de moda en los años 50 y hasta allí peregrinaron Truman Capote, Tennessee Williams, WillianBurroughs o Paul Bowles en un intento por conocer la ciudad y desvelar sus misterios.

El escritor tangerino Mohamed Mrabet (1936) es la representación física de la memoria histórica de su país y tuvo la fortuna de coincidir con los escritores americanos en plena efervescencia cultural. Sin embargo, los extranjeros, tan arraigados a las costumbres occidentales, le jugaron una mala pasada.

Poul Bowles y M Mrabet

Mrabet, que se presenta a sí mismo como “el que no sabe leer ni escribir”, es un narrador de prodigiosa imaginación que afila la lengua para criticar a todos aquellos que se aprovecharon de su pueblo durante el periodo de mayor esplendor intelectual. Sin ir más lejos, Bowles con el que escribió sus obras a cuatro manos, se desmarcó del tangerino para publicar las fábulas que Mrabet le había contado entre humo y cenizas. Una traición que nunca perdonaría a su compañero de letras.

Entre sus mejores (y más compartidas) narraciones se encuentra El gran espejo (1977), Amor por un puñado de pelos (1967) o El limón (1969), todas ellas escritas con esa gran sencillez que rodea la vida cotidiana, las tardes en la playa o las conversaciones con una pipa de kif en la mano. Sin embargo, “Tánger ya no es Tánger. Entonces había 300.000 personas y ahora hay tres millones, amigo. Hoy hay heroína, cocaína y aspirinas”.

Infinitas historias

También se puede viajar a los rincones oscuros de la ciudad de Tánger con las narraciones de Pierre Loti, Edmundo de Amicis o Ángel Vázquez. De este último cabria destacar La vida perra de Juanita Narboni (1976), una narración excelente que esta considerada como una obra maestra de la literatura española del siglo XX.

Asomarse a los cafés, embriagarse con el humo de una buena conversación o deleitarse con la belleza de las mujeres del desierto que, al contrario que sus hermanas occidentales, ocultan su belleza para demostrarnos que son capaces de hablar con la mirada.

Un ferry desde Málaga atraviesa las compuertas que unen dos continentes para mostrarles una ciudad que se intenta recuperar del abandono sufrido durante décadas. Escuchen con atención el sonido que se proyecta desde sus minaretes y, cuando el almuecín llame a oración a los fieles, aprovechen para leer escondidos tras las sombras de alguna mezquita. Ese será el momento de su viaje. Y si llega, aprovéchenlo.

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