Abuso a menores: una realidad invisibilizada y rodeada de mitos

La psicóloga Sonia Cervantes rompe con algunos de los mitos más extendidos relacionados con el abuso a menores y denuncia la invisibilidad de esta realidad que, lamentablemente, viven 1 de cada 5 menores en nuestro país.

Abuso a menores: una realidad invisibilizada y rodeada de mitos
La mayoría de los abusadores son hombres (98%) y, de forma muy generalizada, miembros del entorno familiar (74%) / Archivo

Se conoce como efecto Mandela al fenómeno por el cual un grupo de personas dan por bueno un hecho que nunca ocurrió. Es decir, cuando se da por veraz una premisa ficticia, fuertemente calada en el pensamiento colectivo. Esta serie de confabulaciones compartidas son las que, según Sonia Cervantes, psicóloga, envuelven ciertos mitos relacionados con el abuso a menores. Preguntas como: ¿Son los padres los principales abusadores? ¿Sólo ocurre en clases bajas? O ¿Es el menor abusado un futuro abusador? Son, precisamente, algunos de los interrogantes que Cervantes asegura que están “contaminados” por este efecto Mandela. “No, no y no es la respuesta a todas ellas”, asegura la reputada psicóloga a preguntas de eltaquigrafo.com.

Desmontando mitos sobre el abuso a menores

Aunque ciertamente la mayoría de los abusadores son hombres (98%) y, de forma muy generalizada, miembros del entorno familiar (74%), según un estudio de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, lo cierto es que, como apunta Sonia Cervantes se ha extendido la creencia de que “la mayoría de las veces el agresor es el padre” y eso es falso, apunta. “El abusador de menores puede ser el padre, el hermano, el tío, el primo, el abuelo… cualquier persona que tenga acceso al menor. No siempre, necesariamente, es el progenitor”.

Lo mismo ocurre con la convicción de que “sólo ocurre en senos familiares desestructurados o de clase baja”. Otro mito, apunta la psicóloga. “Estos menores tienen más probabilidades por el contexto de vulnerabilidad al que son sometidos a diario, pero no es condición sine qua non. De hecho, lamentablemente, el abuso de menores no entiende de clases.

Pero si hay un mito que además de ser falso hace daño y estigmatiza todavía más a las víctimas de esta lacra, asegura Cervantes, es la creencia de que el abusado se convertirá en abusador. “Esto no es así. De hecho, se estima que la cifra de agresores que han sido víctimas en su infancia es inferior al 10%”.

Doble estigmatización de las victimas tabú

“Nuestra sociedad no está preparada para similar que este tipo de cosas suceden más de lo que creemos”. Según el citado estudio, promovido por el Ministerio de Igualdad, 1 de cada 5 menores será abusado en su infancia. El 72% de estas víctimas serán niñas de entre 5 y 12 años. El trabajo del psicólogo que acompaña a las victimas (ya sea durante su infancia o de adultos cuando logran verbalizar los hechos), explica Sonia Cervantes, siempre tiene que ir encaminado a reparar la normalidad psicológica de la víctima: legitimarlos como tal y librarlos de sentimientos de culpabilidad, así como evitar que se sientan revictimizados por su entorno y por la sociedad.

Las creencias confabuladas bajo el efecto Mandela han conducido a muchas víctimas a tener miedo (más todavía) a convertirse en abusadores. “Se sienten doblemente estigmatizados por una sociedad que primero los revictimiza y luego los señala como posibles futuros violadores”. Es una realidad muy dura, reconoce la psicóloga, pues las consecuencias psicológicas pueden arrastrarse durante años, incluso toda la vida.

Solo se denuncian el 15% de los casos

Sonia Cervantes, a preguntas de esta redacción, insiste en lo poco que se habla sobre el tema. “Cuesta de digerir”, asegura. Tanto por la sociedad en general como para las propias víctimas y su entorno. De hecho, se estima que solo se denuncian el 15% de los casos y, aun así, solo en 2017 se interpusieron 3.000 denuncias en este sentido, lo que significa, apunta la psicóloga, “que hubo una agresión nueva cada 3 horas”.

El estrés postraumático es muy elevado y, por eso, la experta entiende, comparte y quiere demostrar que la tardanza en denunciar los hechos es algo normal y lógico en el proceso psicológico de asimilación de la dura realidad vivida. De hecho, de los nueve casos que lleva Sonia en la actualidad el 80% son adultos que han denunciado entre una y dos décadas después de que sucedieran los hechos. De ahí, la insistencia que grupos de expertos en la materia, la mayoría de ellos psicólogos, pidan de forma reiterada que el delito de abuso a menores no prescriba, “teniendo así la oportunidad de poder hacer justicia cuando la víctima se sienta capacitada para afrontarse cara a cara con su agresor”.  

Por otro lado, Cervantes destaca, citando el estudio de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, que “curiosa y causalmente” existe una correlación entre la tardanza en denunciar y las sentencias absolutorias del 8%.

1 de cada 3 agresores es menor

“Y si ésta ya es una realidad invisibilizada de por sí”, para la psicóloga entrevistada, dentro de este tabú existe otro de más hermético: la violencia y los abusos entre menores. “Se estima de 1 de cada 3 agresores es menor”. Sin embargo, a la hora de hacer un perfil Sonia Cervantes reconoce que la cosa se complica, pues no existen unas características concretas y suele ser muy heterogéneo.

Si hay algunos patrones comunes se centran en el modus operandi más que su perfil psicológico, apunta la psicóloga, puntualizando la falta de empatía con su víctima, el crear entornos de confianza, el normalizar la situación y no hacer uso de la violencia y la inexistencia de arrepentimiento. Y es que según apunta Cervantes, a pesar de mostrar cierto alivio cuando son detenidos, no suelen estar arrepentidos de los hechos cometidos y ante le juez lo juran para recibir, tan solo, una pena más baja.

Sonia Cervantes habla desde la experiencia tras años acompañando a víctimas de abusos. Reconoce que es una realidad muy dura, pero que sólo visibilizándola se podrá minimizarla.

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