A todas las mujeres de mi vida

Y me siento una afortunada cuando, en realidad, mi infancia, mi vida y mi día a día desde pequeña es lo que debería de ser en todos los hogares y lugares de trabajo. Y no, algo excepcional.

A todas las mujeres de mi vida
A todas vosotras, gracias.

A mi madre, mi abuela, mi hermana, mi sobrina, mi cuñada, mis primas, mis tías. A Irene, Núria y Clàudia. A mis niñas de siempre. A Alba L., Lara, Amaya, Núria G., Sara C., Victoria, Noemí… Y, en general, a todas las mujeres que me inspiráis o me habéis inspirado. A todas las mujeres que me habéis hecho pensar y cuestionarme el ‘status quo’. A todas vosotras, gracias.

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El origen

Creo que soy una mujer con suerte. Desde pequeña mi abuela materna ha sido la líder. Una líder innata. Mi abuelo siempre estuvo a su lado, apoyándola en todas y cada una de las alocadas decisiones que quiso tomar. Y mi yaya ha hecho siempre lo que ha sentido en cada momento, porque se sentía libre para hacerlo. Ella, sin embargo, de joven no tuvo mí misma suerte. Y lo sabe.

Tantas veces me ha dicho que nació en el siglo equivocado… que ella nunca entendió algunas de las prácticas que le obligaban a hacer antaño… y quizá, por eso, bien pronto se escapó de casa. Amaba a sus padres y los cuidó hasta el último día, pero siempre creyó vivir dentro de una jaula. Mi abuelo nunca le cortó las alas. Todo lo contrario. Con 76 se hizo su primer tatuaje. Ahora con 82, ya lleva cuatro. Es una fuera de serie.

Los pilares

Mi madre. Mi MariTere, por supuesto, lleva su sangre. Quizá no es tan rebelde, pero es decidida y contundente. Seguramente la mujer más trabajadora que conozco. No cumple con casi ninguno de “los estereotipos de madre” que las redes sociales, en un intento bastante patriarcal de hacer broma, se refieren con banales vídeos de humor. Y eso me gusta y me inspira a ser, vestir y expresarme como me dé la gana. Porque mi madre va en chándal, en zapatillas de deporte y cocina de una forma estándar. De hecho, normalmente, ni cocina. Pero es ella la que me ha enseñado a valerme por mi misma, a coger el toro por los cuernos y luchar por lo que quiero aunque el camino se tuerza.

Mi hermana. Lo suyo es de otro planeta. Si hay mujer que rompe esquemas y roles de género establecidos y anclados, esa es ella. Bebo de sus ideas, de su inteligencia innata. Como un salmón nadando a contracorriente. Así es mi hermana. En un mundo cargado de prejuicios, ella se encarga de reducirlos todos a ceniza. Y mis primas. Marta y Aina. Valientes, cada una a su manera por cuestiones obvias de la edad, pero en mi familia, sea por el motivo que sea, parece que nos gusta provocar, alterar y cuestionarnos los roles establecidos.

El presente

Y, por supuesto, mis amigas. Ese ejercito girl power de mujeres jóvenes, con miedos, con inseguridades, en un mar de constante cambio, pero libres, con las ideas claras, valientes como las que más y emprendedoras en todas las facetas de la vida. Si mi familia me ha inspirado desde pequeña y ha asentado mis cimientos y valores de la actualidad, ellas, en especial las dos mujeres maravillosas con las que vivo ahora, son la inspiración de mi día a día.

Y seguro que como yo lo siento, cada vez lo sienten más mujeres. Estar rodeadas de buena vibra, de mujeres con ganas y valor para alzar la voz ante las injusticias. Estar rodeadas de personas que no se conformen con lo que hay, porque, lamentablemente, “lo que hay” sigue sin ser lo que debería ser: el trato de igual a igual, entre hombres y mujeres.

Y yo me siento una afortunada cuando, en realidad, mi infancia, mi vida y mi día a día desde pequeña es lo que debería de ser en todos los hogares de un país que presume de democrático en pleno siglo XXI. Y no, algo excepcional. Algo que siga sin ser lo común. Lo establecido por el bien y la salud de todos y no solo del 50%. Por lo tanto, me siento una afortunada, una privilegiada porque la realidad sigue siendo muy oscura y muy poco morada. Por eso, hoy, 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, volvemos a gritar que ya está bien.

Ojalá, el futuro

Y no, yo no busco la superioridad de la mujer, en ninguno de los casos. Nosotras también cometemos errores, muchos, de hecho. Y, además, tengo un padre maravilloso, un hermano, un sobrino, un cuñado, tíos, primos, abuelos, amigos y jefes varones. Y todos ellos también han contribuido en mi realidad. En la realidad que debería de ser. En la igualdad que debería imperar en todas las familias y lugares de trabajo. En que un género nunca sea el débil por naturaleza. En que la mujer no sea devaluada por el mero hecho de ser mujer.

En mi casa no puedo asignar tareas. Mi madre me daba repaso de matemáticas, mientras mi padre hacía la cena. Mi padre estudiaba conmigo Historia del Arte mientras mi madre iba a comprar. No puedo asignar tareas. Porque nunca las hubo de predeterminadas. En mi trabajo mi voz cuenta. Me siento valorada, empoderada y rodeada de unos jefes y unas compañeras que alzan la voz bien alto ante el abismo de desigualdades que seguimos sufriendo las mujeres.

Así que seas como seas, vengas de donde vengas, ames a quien ames, hoy es nuestro día.

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