¿A quién le importa Mainat?

Vicioso, baboso y excesivo, se me representa como ese tipo de persona capaz de gastar muchísimo dinero en juergas con sus amigotes y no obligatoriamente en entretenimientos legales

Nuria Gonzalez

Una de las pocas cosas que nos ha desviado la atención del cataclismo viral que nos ha caído encima como maldición bíblica, ha sido el rocambolesco caso Mainat.

Mainat, para mí, es un personaje que recuerdo de mi infancia, casi siempre disfrazado como de señora Doubtfire (pero con mucho menos talento que Robin Williams), o bien, vestido de troglodita, persiguiendo junto a sus dos colegas de La Trinca a una pobre chica en una cueva, en el gag final de su programa semanal que siempre acababa con ella siendo arrastrada por los pelos y con los tres energúmenos tirados encima de ella simulando una violación grupal. Y eso en los ochenta hacía muchísima gracia.

¿A quién le importa Mainat?

De esas cosas que se me han quedado claritas en la memoria, pese a la cortísima edad que tendría yo cuando las vi. El señor Mainat, dentro la exitosísima Trinca, desarrollaba el papel de listillo vicioso. El moreno alto era el guapo vicioso, el gordete de la barba era el tonto vicioso y el señor Mainat era listo vicioso. Siempre me dio mucha grima. Una expresión andante de baboso literal.

Luego desapareció, igual que aquel programa semanal con la chica troglodita arrastrada por los pelos y la señora Doubtfire de Horta. Volvió con el pelotazo televisivo más grande de la historia de la televisión en España, Operación Triunfo, ideado por su productora GestMusic y que comparte con su compañero, el guapo vicioso de La Trinca, que los ha hecho ultra millonarios. Y es un mérito a reconocer, porque el producto era bueno y cambió la historia de la televisión y de los realities.

Sin embargo, el éxito y el reconocimiento público no cambian la percepción que tengo del señor Mainat, ya que me sigue pareciendo un baboso. Pero no un baboso en solitario, sino una representación de esa clase de hombre que se siente ofendido cuando le explicas que gritarle a una mujer por la calle como si fuera una cabra, o que te clave los ojos en el culo al andar o en las tetas al hablar, no es agradable para la receptora del “piropo”.

Vicioso, baboso y excesivo, se me representa como ese tipo de persona capaz de gastar muchísimo dinero en juergas con sus amigotes y no obligatoriamente en entretenimientos legales.

Y ahora, en pleno reconfinamiento, el caso del divorcio-intento de asesinato-triángulo amoroso- drogas-y mucho dinero en una frustrada herencia, nos trae otra vez a la tele, en primer plano, al señor que arrastraba a la chica troglodita por los pelos.

¿A quién le importa Mainat?

Ni siquiera he seguido el caso porque él me cae fatal. Y así por encima, viendo la trama de ‘chica treintañera se casa con productor rico, chica enganchada a varias sustancias, chica que al porno por internet le llama “performance art”, chica que, además, vive en la casa del marido con su amante “escort” venezolano, y que encima, se supone que ha intentado matarlo para que no la deje fuera de la millonaria herencia’, de tan predecible, sigue sin interesarme lo más mínimo.

Lo que sí me interesa del asunto es que el señor Mainat, ante tanta evidencia de que se la están pegando casi con resultado de muerte, hace de buen samaritano, de padre amantísimo y de hombre comprensivo y el pasado domingo, cuando la jueza los llama a declarar por el supuesto intento de asesinato, le pide clemencia para su díscola y presunta asesina en potencia esposa y le solicita que la deje en libertad. Y todos los medios de comunicación se hacen eco de lo majo que es el señor Mainat.

Cómo es posible que a nadie se le ocurra pensar que ahí, el señor Mainat, a lo mejor es que tiene mucho que callar. Sin embargo, como es un hombre de negocios rico y respetable, y ahora además piadoso, los medios de comunicación, de la manera más previsible del mundo de nuevo, ya dan por asesina y drogadicta, mala madre y adúltera a Ángela, la señora de Mainat, que ahora ha resultado ser ella la viciosa.

Sin embargo, a este lío de amor y lujo se ha apuntado a ultimísima hora la ¿presentadora? Pilar Rubio, que de la nada, ha amenazado con tirar de la manta y contar todo lo que sabe de Mainat y Gestmusic, al más puro estilo Luís Roldán o Jordi Pujol. Yo no dudo ni un poquito que el señor Mainat pudiera ser, presuntamente, el Harvey Weinstein español. Eso sí, la showwoman de El Hormiguero ha pospuesto tal venganza para cuando escriba sus memorias. Parece que ahora no le urge hacer caja.

Como decía, no me importa lo más mínimo lo que le pase al vicioso listillo de La Trinca. Sin embargo, reconozcámosle que sigue haciendo su trabajo muy bien. Sigue generando entretenimiento de masas, hasta ahora que están prohibidas las masas.

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