A pesar de cretinos censores: Tommy Udo

El beso de la muerte (Kiss of Death, 1947) ha pasado a la historia por un personaje y una escalera. Si la han visto hace tiempo, es posible que hayan olvidado al personaje, pero nunca olvidarán a Richard Widmark tirando por una escalera a una mujer en silla de ruedas

A pesar de cretinos censores: Tommy Udo el beso de la muerte

El beso de la muerte, El beso del asesino y El beso mortal, tres noirs inolvidables, si no fuera por los torpes títulos en español que generan confusión hasta al más cinéfilo. Por seguir el orden cronológico, esta semana en eltaquígrafo moriremos de cine con la primera y las otras, igual de destacables o más, irán apareciendo en esta sección en el futuro.

El beso de la muerte (Kiss of Death, Henry Hathaway, 1947) ha pasado a la historia por un personaje y una escalera. Si la han visto hace tiempo, es posible que hayan olvidado la primera parte o hasta la línea argumental, pero nunca olvidarán a Richard Widmark tirando por una escalera a una mujer en silla de ruedas…

A pesar de cretinos censores: Tommy Udo el beso de la muerte

Antes de llegar al plato fuerte, la película tiene unos cuantos puntos de interés que hay que señalar. La historia la compró la Fox como vehículo para Victor Mature, estrella que nunca llegó a brillar tanto como quisieron, pero cuyo físico y carisma era innegable. Mature da vida a Nick Bianco, padre de dos hijas “obligado” a hacer las compras de Navidad en una joyería… con violencia y sin pagar, claro. Termina en la cárcel, mientras sus compañeros escapan. La tópica presentación noir del destino inexorable contra la víctima criminal se enriquece con dos detalles. Para empezar, un cartel nos anuncia que la película se ha rodado en escenarios reales de Nueva York, subrayando su verosimilitud en unos años de posguerra en los que ya se empezaba a pensar en el neorrealismo social. Para seguir, la voz en off, habitual y conveniente para el tono documental, es de una mujer, lo cual nos lleva a pensar que “ella” tendrá que aparecer.

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A pesar de cretinos censores: Tommy Udo el beso de la muerte

En la cárcel Bianco es tentado para delatar a sus colegas y, aunque al principio se niega, cuando descubre que su esposa se ha suicidado y sus hijas han sido internadas en un colegio, termina cediendo para poder salir y rehacer su vida con ellas. La censura impidió que viéramos y sufriéramos un par de escenas brutales. La mujer de Bianco (era Patricia Morrison, pero no llegamos a verla en pantalla) era violada por Rizzo y por eso metía la cabeza en el horno. Las escenas se rodaron pero fueron cortadas y solo se apunta a que el tal Rizzo ha tenido algo que ver con la muerte de su esposa. La violencia ya estaba ahí, pero parece que era excesiva para los cretinos censores… Que esperen a Tommy Udo.

Y es que mientras Bianco se casa (angelical Collen Gray y, en efecto, la que va contando la historia en off) y vuelve a nacer con trabajo y familia estables, la amenaza vuelve como sombra del pasado. En la cárcel conoció al psicópata Tommy Udo (primer papel de Richard Widmark, Globo de Oro y nominación al Óscar) y el fiscal le pide a Nick que declare contra él porque tiene un caso perfectamente montado para condenarle con su testimonio. Bianco declara, pero Udo sale libre. Abogados corruptos, sí, otro personaje recurrente en el cine negro.

Y Udo, claramente secundario, se come la película él solo. Desde que aparece en la cárcel Widmark se muestra con una sonrisa floja psicótica y con una violencia a punto de estallar. Su pelo engominado y sus camisas negras le dan un aire chulesco y de elegancia criminal que no apunta a nada bueno. Su influencia posterior se ve en todo psicópata con risa nerviosa o hasta en Donald E. Westlake, quien siempre reconoció que su seudónimo Richard Stark (con el que creó a Parker) lo tomó de este papel de Widmark. La guinda, como anunciamos, sería la escena de la escalera.

El corrupto abogado de Bianco cree que Rizzo se la está jugando y envía a Udo a darle un recado. Tommy llega a la casa, pero Rizzo ha volado y se encuentra con su madre, paralítica en silla de ruedas (Mildred Dunnock, habitual del teatro y que no llegaba a los cincuenta). Ni corto ni perezoso, Udo decide darle el recado a Rizzo a través de su madre para que lo lea en la prensa. Sin música y con una crudeza y naturalidad terribles, Udo ata a la mujer a la silla (¡con el cable de la lámpara!) y la tira por la escalera. Tal cual. Fundido a negro. ¿Se dormiría el censor? ¿Esto sí se podía ver porque no era “violento”? Cualquiera interpreta la estupidez censora.

A pesar de cretinos censores: Tommy Udo el beso de la muerte

El caso es que ya imaginamos y esperamos la violencia que se cierne sobre el bueno de Bianco, pero este se adelanta para intentar redimirse a través de conseguir entregar a Udo con un cargo del que no pueda escapar: asesinato, su asesinato. Tras un clímax tenso, con el reencuentro de Bianco y Udo, el minuto final y esa voz en off parecen trastocar lo que esperaríamos del fatalismo del cine negro, pero eso no desmerece todo lo que hemos visto antes.

Henry Hathaway no quería al inexperto Richard Widmark y acabaron siendo íntimos amigos y haciendo juntos varias películas más. Aunque tal vez sea recordado hoy más por sus wésterns, Widmark dejó para la historia un Tommy Udo de los de aprenderse el nombre. Norman Bates, Jack Torrance, Hannibal Lecter o Tommy Udo: como para irse de vinos con ellos…

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