17-A: Younes Abouyaaqoub se reía mientras embestía a los agentes en su huida

La séptima sesión del juicio por los atentados del 17-A ha contado con la declaración de los Mossos que se encontraban en la Av. Diagonal, por donde huyó el terrorista, y con la de los dos agentes que le abatieron en Subirats (Barcelona)

17-A: Younes Abouyaaqoub se reía mientras embestía a los agentes en su huida
Imagen del operativo policial en Subirats, donde los Mossos d'Esquadra abatieron al terrorista / EFE

Cuatro coches logotipados de los Mossos d’Esquadra y otro de tránsito cortaron la avenida Diagonal la tarde del 17 de agosto de 2017, tras el atentado de Las Ramblas, en el marco de la “operación Jaula” (Gàbia, en catalán). El objetivo era blindar la ciudad de Barcelona para tratar de impedir que Younes Abouyaaqoub, el conductor de la furgoneta, huyera. Sin embargo, lo hizo, llevándose por delante la vida de Pau Pérez – el propietario del Ford Focus blanco que Abouyaaqoub robó tras perpetrar el atropello masivo – y embistiendo, entre risas, a los agentes que esa tarde hacían el control en la Diagonal.

“Vi a un Ford blanco haciendo una maniobra extraña. Oí una fuerte aceleración y pude ver la cara del joven. Se reía mientras embestía a mis compañeros. Vi claro que quería hacer daño. Saqué mi arma y disparé” explicó un agente de los Mossos ante el tribunal de la Audiencia Nacional. Horas más tarde se confirmaba que el joven que había huido, riéndose y dejando dos agentes malheridos, era el mismo que había causado 14 muertes y cientos de heridos en Las Ramblas.

Condujo el coche de Pau Pérez, con el cuerpo del joven en su interior, hasta las inmediaciones del edificio Walden en Sant Just Desvern (Barcelona). Artificieros del TEDAX comprobaron que el coche estaba limpio de explosivos y, tras asegurar un perímetro, hallaron el cadáver del joven, pero ni rastro del terrorista.

Los Mossos exigen más reconocimiento

El agente y la sargento que fueron embestidos por el Ford conducido por Younes han sido reconocidos víctimas del terrorismo. El resto de los policías, presentes en el momento, no. Exigen, dadas las secuelas psicológicas que acarrearon tras dicha intervención, ese reconocimiento. En general, los Mossos que participaron de forma activa las horas inmediatamente posteriores a los hechos y que vivieron episodios de mucho estrés lamentan la falta de apoyo del cuerpo para conseguir ser considerados víctimas de terrorista.

Muchos de los agentes que se enfrentaron cara a cara con los miembros de la célula de Ripoll siguen con estrés postraumático, con problemas de conciliación del sueño y episodios de ansiedad y miedo; como es el caso de los dos agentes que abatieron a Younes Abouyaaqoub en Subirats (Barcelona), cuatro días después del atentado en Las Ramblas y de su posterior huida.

Los Mossos temieron morir implosionados

Una patrulla de Mossos de seguridad ciudadana de Vilafranca del Penedès (Barcelona) recibió un aviso en el marco del dispositivo de búsqueda de Younes Abouyaaqoub a primera hora de la tarde del 21 de agosto. Cuatro días después de perpetrarse los atentados de Barcelona y Cambrils. En ese momento no se imaginaban que el joven de camisa azul celeste que unos vecinos de la zona habían visto en actitud sospechosa, sería el mismo que había paralizado todo un país durante los últimos días.

Cuando llegaron a la zona indicada, entre viñedos y la depuradora de Subirats, los dos agentes bajaron del coche y vieron como un joven se escondía tras unos matorrales. Era él. Aún no lo sabían, pero se prepararon para actuar. Le dieron el alto y Younes supo que era el final: no hizo caso del aviso policial y a gritos de “Ala es grande”, se abrió la camisa azul celeste, mostrando un cinturón de explosivos – que resultó ser falso –, abalanzándose contra ellos.

Los agentes abrieron fuego. A preguntas de la Fiscalía, no recuerdan cuantas veces llegaron a disparar, en el sumario se recoge que fueron, cómo mínimo, 24. Los agentes, visiblemente nerviosos ante del tribunal que juzga los atentados, solo recordaron como quedaron de rodillas, “en un silencio inmenso”, mientras el terrorista caía abatido y esperaban que el cinturón lo hiciese volar todo por los aires. “Me quedé inmóvil. Pensé que moriríamos implosionados. No pude moverme hasta que llegaron los refuerzos y me sacaron de la zona de los hechos”.

Ambos siguen diagnosticados con estrés postraumático. Ninguno de los dos ha sido indemnizado por las secuelas sufridas, ni tampoco han sido reconocidos víctimas del terrorismo.

Hasta el lunes a las 10.00h

Con este relato se daba por finalizada la séptima sesión de juicio y con ella la segunda semana. El magistrado, Félix Alonso Guevara Marcos, más benevolente con los letrados ha aceptado, finalmente, que las partes presenten sus escritos, después de que durante la primera semana se negara a ello rotundamente. La próxima sesión se reanudará el lunes 23 a las 10.00 horas, como hasta ahora, en la sede de San Fernando de Henares, en una sala que sigue abarrotada de letrados y con solo tres presuntos miembros de la célula de Ripoll, que observan tras la mampara de cristal.

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